LANOTA– El 6 de enero, mientras muchas familias celebraban el Día de Reyes, la carretera Durango–Zacatecas se convirtió en escenario de horror. Lo que debía ser una jornada de fiesta terminó marcado por la violencia: un ataque armado contra la Guardia Nacional dejó tres muertos, entre ellos un niño de apenas 12 años.
LA EMBOSCADA
En el tramo conocido como El Saltito, una patrulla de la Guardia Nacional fue interceptada por civiles armados. Los oficiales viajaban en un Charger y una camioneta Durango, cuando de pronto fueron rodeados por ráfagas de disparos provenientes de una camioneta blanca. La sorpresa y la intensidad del ataque no dieron margen de reacción.
EL FUEGO CRUZADO
El enfrentamiento derivó en un tiroteo de alta intensidad. Decenas de disparos impactaron no sólo los vehículos oficiales, sino también a un tractocamión y varios automóviles particulares. Para quienes circulaban por la carretera, el sonido de las armas rompió la rutina y sembró el miedo. Padres, niños y conductores vivieron minutos de angustia, buscando refugio donde no lo había.
EL DOLOR DE UNA PÉRDIDA INOCENTE
Entre las víctimas se encontraba Gabriel, un niño de 12 años que viajaba con su familia. Una bala perdida lo alcanzó en el automóvil donde iba sentado. Paramédicos de la Cruz Roja hicieron lo posible por salvarlo, pero en el Hospital Materno Infantil se confirmó la noticia devastadora: Gabriel no sobrevivió. Su muerte simboliza la fragilidad de la vida en un país donde la violencia no distingue edades ni inocencia.
LOS HÉROES CAÍDOS
Dos elementos de la Guardia Nacional también perdieron la vida. Uno murió en el lugar, el otro en el hospital tras luchar por sobrevivir. Su sacrificio refleja la vulnerabilidad de quienes enfrentan a grupos armados en carreteras y comunidades.
EL CÓDIGO ROJO
La magnitud del ataque obligó a activar el código rojo en Durango. Carreteras cerradas, filas interminables de vehículos varados y un despliegue urgente de fuerzas de seguridad marcaron la respuesta inmediata. La tensión se apoderó de la región, mientras las familias esperaban noticias y los cuerpos de emergencia intentaban restablecer la calma.
UNA REGIÓN MARCADA POR LA VIOLENCIA
El tramo Durango–Zacatecas no es ajeno a la violencia. Disputas entre grupos delictivos han convertido esta carretera en un punto de riesgo constante. El ataque del Día de Reyes no solo dejó víctimas, sino también un recordatorio doloroso: la inseguridad atraviesa la vida cotidiana y puede arrebatarla en cualquier instante.
LA HERIDA ABIERTA
La muerte de Gabriel y de los dos agentes de la Guardia Nacional deja una herida profunda en la comunidad. Tres vidas truncadas en cuestión de minutos, tres familias devastadas. El eco de los disparos aún resuena en Durango, recordando que la violencia no es una estadística: es un drama humano que golpea corazones y hogares.
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