LANOTA– El aire en Culiacán se volvió espeso este miércoles 11 de febrero, cargado de un presagio que los habitantes conocen bien. Los primeros reportes no llegaron de los canales oficiales, sino del pulso nervioso de las redes sociales: ráfagas de viento seco y pólvora cerca de la sindicatura de Jesús María.
El nombre del lugar no es coincidencia, es una cicatriz abierta; ahí mismo, hace años, el destino de Ovidio Guzmán quedó sellado bajo el estruendo de los rotores de la Marina, y hoy, el fantasma de ese operativo parecía haber despertado de su letargo.
EMBOSCADA EN EL LIMONCITO
Mientras el sol caía sobre la localidad de El Limoncito, el silencio fue devorado por el estallido del plomo. Elementos de la Marina, que realizaban patrullajes de vigilancia en una zona donde la ley suele ser dictada por otros, se encontraron de frente con el cañón de la insurgencia criminal.
No fue un encuentro fortuito, sino un choque de voluntades donde el asfalto se convirtió en campo de batalla; los uniformados, bajo una lluvia de fuego, tuvieron que responder con la precisión de quien sabe que en esa tierra no hay margen para el error.
LA SOMBRA DE LOS CHAPITOS
El secretario Omar García Harfuch confirmó lo que muchos susurraban en las sombras: la caída de nueve hombres y el cuerpo inerte de un agresor que no sobrevivió al contraataque. Aunque los nombres de los detenidos permanecen bajo llave en los archivos de la inteligencia federal, el rastro apunta directamente a la facción de “Los Chapitos”, liderada por Iván Archivaldo Guzmán.
La zona, históricamente un bastión infranqueable para el Estado, fue profanada esta vez por una operación que logró someter a quienes se creían dueños del horizonte.
EL ARSENAL DEL MIEDO
Lo que los marinos encontraron tras el humo del combate fue un inventario para la guerra. Entre el polvo y la sangre, emergieron armas de alto calibre, vehículos blindados y, lo más inquietante, un lanzagranadas junto a 89 artefactos explosivos listos para sembrar el caos.
No era el equipo de una simple escolta, sino el arsenal de una célula preparada para resistir un asedio prolongado, evidenciando que la capacidad de fuego en la región sigue siendo una herida que supura peligro constante.
UN ORDEN FRÁGIL BAJO EL GABINETE
Ahora, un dispositivo especial del Gabinete de Seguridad se extiende sobre la región como un manto de hierro, intentando proteger a una población que ha aprendido a vivir entre el estruendo y la calma chicha.
Mientras Harfuch promete transparencia, la incertidumbre flota sobre Culiacán: cada detención en este territorio es una pieza de un rompecabezas sangriento que parece nunca terminarse. La pregunta que queda en el aire es si este golpe es el inicio de una paz duradera o el preludio de una nueva tormenta.
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