El hallazgo de un cerdito de peluche rosa junto al cadáver de un hombre ejecutado en un hotel del centro de Culiacán consolida un alarmante y macabro patrón criminal en Sinaloa, sumando tres víctimas con el mismo distintivo en menos de dos semanas. Este perturbador método de marcaje, que previamente cobró la vida de dos adolescentes de 17 años en el sector norte de la ciudad, se enmarca en la cruda guerra interna del Cártel de Sinaloa entre las facciones de Los Chapitos y La Mayiza y evoca el uso histórico de códigos mudos en la región —como los carritos de juguete, sombreros o cajas de pizza—, mientras la Fiscalía General del Estado de Sinaloa mantiene un estricto hermetismo sobre el significado exacto de este nuevo símbolo de la violencia
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