Miguel Cortés Miranda, el femicida que aterrorizó a Iztacalco. (Imagen creada con IA en Gemini)
16/04/2026
LANOTA. La historia de horror que inició en la alcaldía Iztacalco cerró su capítulo más oscuro. Miguel Cortés Miranda, el feminicida serial que conmocionó al país, murió en prisión el pasado 13 de febrero de 2025.
A casi un año del ataque contra la joven María José y su madre, Casandra, el deceso del agresor detiene los procesos judiciales, pero destapa una red de negligencias institucionales y los detalles de un suicidio que el criminal calculó desde su celda.
EL PLAN FINAL: SOBREDOSIS Y UNA CAÍDA MORTAL
La abogada de las víctimas, Erendari Trujillo, revela que el fallecimiento de Cortés Miranda no derivó de un ataque externo, sino de una maniobra de autolesión meticulosa. El interno ocultó y almacenó los medicamentos controlados que el personal médico le recetaba dentro del reclusorio.
Tras ingerir una cantidad masiva de estas sustancias, el feminicida sufrió una sobredosis que provocó su caída desde la parte superior de una litera. El impacto contra el suelo le generó un traumatismo craneoencefálico severo.
Aunque los médicos realizaron un lavado de estómago y atendieron sus lesiones en el hospital, los daños resultaron irreversibles. Trujillo sostiene que las pruebas señalan inequívocamente al suicidio, una tesis que las propias confesiones del recluso refuerzan.
Durante las evaluaciones psicológicas, Cortés Miranda confesó a la defensa que su único propósito en la vida consistía en “matar mujeres y luego matarse él”. El criminal cumplió así su última voluntad antes de recibir una sentencia definitiva.
LLAMADAS DESDE EL INFIERNO: EL ACOSO POST-CARCELARIO
La tragedia no terminó con la captura de Miguel “N”. Casandra, madre de la víctima de 17 años, denunció que días antes de morir, el feminicida logró contactar a su familia vía telefónica. El agresor utilizó información confidencial filtrada presumiblemente desde la fiscalía o las unidades de gestión.
En una comunicación de casi media hora, el sujeto intentó manipular emocionalmente a las sobrevivientes, alternando entre un cínico pedido de perdón y la jactancia de haber cometido entre 30 y 40 atrocidades, cifra que supera los registros oficiales.
Este acceso a los números privados de las víctimas pone bajo la lupa al sistema penitenciario. La asesoría jurídica subraya que el feminicida utilizó teléfonos móviles dentro del penal, lo que evidencia la falta de control interno
.El agresor aprovechó sus últimos días para ejercer una última forma de violencia psicológica, calificando a la hermana de la víctima como “una niña muy fuerte” en un discurso que mezclaba el falso arrepentimiento con el orgullo por sus crímenes.
DELIRIOS DE GRANDEZA: LAVANDERÍA Y ANHELOS DE “ROCKSTAR”
Dentro del Reclusorio Varonil Oriente, la vida de Miguel Cortés distaba de la imagen que proyectaba en redes sociales. Para sobrevivir, el químico de profesión lavaba ropa de otros internos, pues el penal solo garantiza la alimentación básica.
Sin embargo, su perfil psicológico revelaba una desconexión total con la realidad. La abogada Trujillo detalló que el recluso exigía un trato de “estrella de rock” y solicitaba privilegios como impartir clases de química a otros reos.
Las autoridades denegaron estas peticiones por seguridad, ya que otros internos “le traían ganas” debido a la atrocidad de sus actos. El esquema de vigilancia, paradójicamente, no evitó que el criminal se quitara la vida. Su muerte deja un vacío legal, por lo que la defensa impulsará carpetas de investigación contra servidores públicos por omisión y obstaculización de la justicia.
PUNTOS CLAVE DE LA NOTA
- Causa de muerte: Miguel Cortés Miranda acumuló medicamento controlado para provocarse una sobredosis y murió tras caer de su litera.
- Confesión previa: El agresor admitió a especialistas que su plan de vida era suicidarse después de cometer sus crímenes.
- Filtración de datos: Funcionarios habrían entregado números telefónicos privados al recluso, permitiéndole acosar a las familias desde el penal.
- Revelación de más víctimas: El sujeto afirmó en sus últimas llamadas que atacó a cerca de 40 mujeres, una cifra muy superior a la reconocida oficialmente.
- Impunidad judicial: La muerte del feminicida extingue la acción penal, lo que impide una condena formal y deja el caso sin una sentencia definitiva.
- Responsabilidad oficial: La defensa jurídica demandará al sistema penitenciario por no garantizar la vida del recluso, necesaria para concluir el proceso de justicia.
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