La IA como escudo político: Sheinbaum culpa al algoritmo por foto ‘fake’ de Wedding

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La imagen actual de la antigua embajada de EU y la foto fake de Wedding.

LANOTA–  En un ejercicio de deslindamiento de responsabilidades, la presidenta Claudia Sheinbaum ha optado por transferir la culpa del uso de material falso a las plataformas digitales. Al ser cuestionada por la exhibición de una imagen de Ryan Wedding generada por Inteligencia Artificial, la mandataria no negó que la foto fuera fake, sino que dictaminó que la carga ética de advertir sobre montajes recae exclusivamente en Meta. 

Con ello, evita reconocer el descuido de su equipo de comunicación, sugiriendo que el rigor de la fuente oficial depende enteramente de los filtros de una red social.

EL ESCÁNDALO DE LA FOTO: SILENCIO SOBRE LA EVIDENCIA

Lo que se pretendía vender como un triunfo de soberanía terminó en un cuestionamiento técnico que el Gobierno ha preferido no rectificar. Aunque la imagen presentaba errores infantiles —como una ubicación geográfica anacrónica y letras deformadas—, la presidenta nunca admite explícitamente el engaño, pero, significativamente, no ha vuelto a mostrar la fotografía en sus presentaciones. A diferencia de otros casos donde el gobierno sostiene su evidencia ante las críticas, aquí la imagen ha sido retirada de la narrativa visual, dejando que la culpa muera en el algoritmo de Instagram.

LA VERSIÓN DEL GOBIERNO MEXICANO: INSTAGRAM COMO CHIVO EXPIATORIO

La estrategia discursiva se ha centrado en atacar las políticas de moderación de Meta. Al insistir en que la publicación no contenía el distintivo “IA”, Sheinbaum intenta normalizar que el Estado valide información basándose en la ausencia de etiquetas digitales. Esta postura de evasión implica que, si la plataforma no lo señala, el Gobierno se siente eximido de verificar la autenticidad de sus pruebas, elevando un post de una cuenta inactiva al rango de verdad oficial sin pasar por un filtro de inteligencia mínimo.

EL DESMENTIDO DE LA DEFENSA: LA REALIDAD CONTRA EL RELATO

Mientras en México el discurso se desvía hacia el funcionamiento de las redes sociales, en el plano legal la narrativa se desmorona. Anthony Colombo, abogado de Wedding, calificó la versión de la “entrega” como una inexactitud política, asegurando que su cliente fue detenido. Esta contradicción frontal deja al Gobierno mexicano aferrado a una foto que ya no se atreve a proyectar de nuevo, pero que sigue usando como escudo para sostener que el fugitivo se entregó “por su propio pie”.

EL CONTEXTO POLÍTICO: SOBERANÍA BASADA EN COORDINACIÓN OPACA

Bajo la presión mediática, la presidenta ha endurecido su discurso contra las operaciones conjuntas en suelo nacional. Sin embargo, este nacionalismo retórico queda debilitado cuando el pilar del argumento es una imagen digital viciada que el Gobierno ha ocultado tras el primer escándalo. Al evitar el re-análisis de la foto y limitarse a decir que “así venía” de la red social, la credibilidad institucional queda supeditada a la configuración de privacidad de una cuenta de Instagram.

ENTREGA VOLUNTARIA VS. OPERATIVO: LA VERDAD COMO DOGMA

El choque de versiones con el FBI ha sido sorteado mediante una retirada diplomática para evitar el conflicto. Al repetir que “nosotros decimos la verdad”, Sheinbaum intenta clausurar el debate por decreto, ignorando que su prueba principal fue un montaje. Al final, el gobierno prefiere culpar a la falta de señalización de Meta antes que admitir que la imagen que presentaron en cadena nacional como evidencia irrefutable era, en realidad, un espejismo tecnológico.

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