LANOTA– El ataque armado contra los diputados de Movimiento Ciudadano en Culiacán dejó una estela de dolor y conmoción. Sergio Torres Félix permanece en terapia intensiva, luchando por su vida, mientras que su compañera Elizabeth Montoya Ojeda perdió un ojo tras la agresión. La política sinaloense quedó marcada por la violencia en un episodio que parece no tener precedentes.
EL MENSAJE DE ÁLVAREZ MÁYNEZ
El líder nacional de MC, Jorge Álvarez Máynez, abrió la reunión plenaria del partido con un gesto de solidaridad y preocupación. “Nuestras oraciones están con Sergio y Elizabeth”, dijo, acompañado por Dante Delgado, Ivonne Ortega y Clemente Castañeda. El dirigente confirmó que ambos legisladores fueron sometidos a intervenciones quirúrgicas: Torres se encuentra delicado pero estable, mientras que Montoya, consciente, enfrenta la pérdida irreversible de un ojo.
EXIGENCIA DE JUSTICIA
Álvarez Máynez aseguró que el partido seguirá colaborando en temas de seguridad con el Gobierno de la República, pero exigió el inmediato esclarecimiento del atentado. La indignación se mezcló con la tristeza en un llamado urgente a frenar la violencia que ha alcanzado a representantes populares.
LA VISITA DEL GOBERNADOR
El gobernador Rubén Rocha Moya acudió este jueves 29 de enero a la clínica privada donde Torres Félix permanece internado. El legislador continúa grave en terapia intensiva, mientras Montoya fue reportada fuera de peligro. La visita del mandatario reflejó la tensión y la preocupación que domina al estado tras el ataque.
UN OPERATIVO DESESPERADO
En respuesta, más de 600 elementos del Ejército y la Policía Estatal Preventiva desplegaron retenes, patrullajes y revisiones vehiculares en Culiacán. El objetivo: restablecer el control y evitar nuevos ataques. Las calles se llenaron de uniformes y armas largas, en un intento de devolver seguridad a una ciudad que amaneció herida.
EL TRASLADO BAJO VIGILANCIA
En medio de un fuerte dispositivo de seguridad, Sergio Torres fue trasladado al hospital privado Los Ángeles. La ambulancia que lo llevó estuvo escoltada por la Guardia Nacional, el Ejército y la Policía Estatal. La imagen del convoy médico, blindado como si se tratara de un operativo militar, reflejó la gravedad del momento.
EL ATAQUE EN EL MALECÓN VIEJO
Lo que debía ser un recorrido cotidiano por el Paseo Niños Héroes se convirtió en un episodio de terror. Torres y Montoya fueron atacados a balazos minutos después de salir del Congreso local, cuando se dirigían a tomar un vuelo hacia la Ciudad de México. Uno de sus escoltas también resultó herido al repeler la agresión.
LA REACCIÓN INMEDIATA
El gobernador Rocha ordenó un operativo de búsqueda y captura, mientras la Fiscalía estatal abrió una investigación urgente. El secretario de Salud fue instruido para supervisar personalmente la atención médica de los heridos. La respuesta oficial buscó contener la indignación y mostrar que el Estado no permanecería pasivo.
INDIGNACIÓN NACIONAL
El ataque provocó una ola de condenas. Álvarez Máynez advirtió que la crisis de impunidad “ha rebasado todos los límites”. Clemente Castañeda anunció que MC presentará un punto de acuerdo para exigir justicia y protección a los legisladores. La política mexicana se estremeció ante la vulnerabilidad de sus representantes.
UN ESTADO EN LLAMAS
La agresión ocurre en un contexto marcado por la disputa interna del Cártel de Sinaloa y una serie de ataques recientes contra autoridades. Apenas un día antes, el titular de Seguridad Pública de Culiacán había sido blanco de un atentado. La violencia parece no distinguir entre funcionarios, policías o legisladores.
ESCUINAPA, UNA CIUDAD PARALIZADA
La violencia no se limita a la capital. En Escuinapa, ráfagas de armas largas interrumpieron la vida cotidiana desde la madrugada. Padres decidieron no enviar a sus hijos a la escuela y comerciantes cerraron sus locales. El miedo se apoderó de la población, que vive bajo la amenaza constante de las balas perdidas.
LA POLÍTICA ENTRE EL MIEDO Y LA IMPUNIDAD
El ataque contra Torres y Montoya refleja la fragilidad de la vida pública en Sinaloa. Ejercer la política se ha convertido en un acto de riesgo. La ciudadanía observa cómo sus representantes son alcanzados por la misma violencia que paraliza comunidades enteras, mientras la exigencia de justicia y paz se vuelve cada vez más urgente.
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