Golpe interno a la 4T: PT rechaza revocación adelantada y descarrila apuesta de Sheinbaum

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Adán Augusto López e Ignacio Mier en la antesala de la derrota.

Adán Augusto López e Ignacio Mier en la antesala de la derrota.

LANOTA.- La sesión arrancó con una certeza a medias: había votos para aprobar, pero no para imponer. En el Senado, el “Plan B” de la presidenta Claudia Sheinbaum llegó como una pieza de ingeniería política que, conforme avanzó la noche, se fue desmontando en sus partes más sensibles.

LA NEGOCIACIÓN QUE EMPEZÓ ANTES DEL PLENO

Desde horas antes de que se abriera el tablero electrónico, los coordinadores parlamentarios ya operaban en paralelo. En oficinas, pasillos y teléfonos, Morena, PT y PVEM discutían el punto de quiebre: la revocación de mandato adelantada.

El cálculo era frío: sin el respaldo completo de los aliados, no había mayoría calificada. Y sin esa mayoría, tocar la Constitución implicaba exponerse a una derrota pública que rompería la narrativa de cohesión de la llamada Cuarta Transformación.

Ahí comenzó a tomar forma una salida: aprobar en lo general, ceder en lo específico.

EL PT FIJA EL LÍMITE: RESPALDO SIN CHEQUE EN BLANCO

Cuando Alberto Anaya subió a tribuna, lo hizo con un discurso que parecía alineado: reconocimiento a la presidenta, reivindicación del proyecto político, promesas de continuidad.

Pero en el fondo, ya estaba decidido.

“Acompañamos el proyecto, pero no la modificación al artículo 35”. La frase no solo marcó distancia; redefinió toda la votación. El PT se colocó como bisagra decisiva, capaz de sostener la reforma o desfondarla en su punto más ambicioso.

Detrás de esa postura había más que principios:

  • temor a la sobreexposición electoral en 2027;
  • presión interna para no diluir la identidad del partido dentro de Morena;
  • cálculos territoriales rumbo a 2030.

EL VERDE DUDA Y APRIETA

En paralelo, el Partido Verde jugaba su propio ajedrez. Bajo el liderazgo de Manuel Velasco y con voces como Luis Armando Melgar, el mensaje era similar: sí al paquete, pero reservas en los puntos más sensibles.

El Verde no rompió, pero tampoco garantizó disciplina absoluta. Esa ambigüedad fue suficiente para que Morena entendiera el riesgo: la alianza podía crujir en público.

LA DECISIÓN EN MORENA: PERDER UNA BATALLA PARA GANAR LA GUERRA

Con ese escenario, Ignacio Mier tomó una decisión que ya se venía cocinando en privado: retirar el artículo 35 antes de que fuera derrotado en el pleno.

No fue improvisación. Fue control de daños.

“No es una derrota, es gobernabilidad”, defendió Mier. Y en términos políticos, el movimiento tenía lógica:

  • evitar una votación que exhibiera fracturas internas;
  • preservar la coalición rumbo a 2027 y 2030;
  • asegurar la aprobación del resto de la reforma.

La consigna cambió en minutos: salvar el Plan B, aunque fuera sin su pieza más ambiciosa.

LA EJECUCIÓN FINAL: LAS RESERVAS COMO CAMPO DE BATALLA

En la discusión en lo particular, Lizeth Sánchez García ejecutó el último movimiento.

Sin estridencias, pero con precisión, dejó claro que no habría votos para modificar la revocación de mandato. Fue el cierre técnico de una decisión política tomada horas antes.

Ahí se selló el destino del artículo 35.

MONREAL CIERRA LA PUERTA

Desde San Lázaro, Ricardo Monreal terminó de enfriar cualquier intento de reanimar la propuesta.

“La Cámara revisora no puede modificar lo que la de origen eliminó”. Con esa frase, el tema quedó jurídicamente clausurado.

La revocación adelantada no solo perdió la votación: quedó fuera del proceso legislativo.

EL OTRO FRENTE: EL CAOS COMO TELÓN DE FONDO

Mientras se tejían acuerdos de alto nivel, el pleno ofrecía otra escena: confrontación directa.

Lilly Téllez y Saúl Monreal cruzaron acusaciones que tensaron aún más el ambiente. En paralelo, Gerardo Fernández Noroña encendió los ánimos con intervenciones que desataron gritos desde distintas bancadas.

El contraste era evidente: negociación quirúrgica en lo privado, desorden en lo público.

LO QUE QUEDÓ EN PIE

Al final, el tablero mostró un resultado claro: 87 votos a favor en lo general y una reforma acotada.

Sin la revocación adelantada, el Plan B se concentró en:

  • reducción del número de regidores en municipios;
  • ajustes en órganos electorales y límites salariales;
  • reordenamientos administrativos en estructuras locales.

PUNTOS CLAVE

  • La negociación clave ocurrió fuera del pleno, donde se definió retirar la revocación antes de perderla.
  • El PT actuó como bisagra decisiva, respaldando el proyecto pero frenando el cambio constitucional.
  • El Verde mantuvo una posición ambigua, suficiente para elevar el riesgo de ruptura.
  • Morena optó por una retirada estratégica, priorizando la unidad sobre la imposición.
  • La revocación queda en 2028, conforme al calendario constitucional.
  • La Cámara de Diputados no puede revivir el artículo eliminado, cerrando el paso a cualquier ajuste.
  • El Plan B sobrevive, pero reducido a su componente administrativo.

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