4/06/2026
LANOTA.- La madrugada del pasado martes se llevó algo más que el silencio en una modesta vivienda de Nanchital, Veracruz. Se llevó, entre golpes y encapuchados, la vida entera de una familia. Cuatro hombres armados irrumpieron con la fuerza bruta del crimen, rompiendo la paz del hogar para arrastrar consigo a Roxana Berenice Guzmán Ramírez, directora del portal Pulso Informativo Del Sureste.
No hubo palabras, no hubo explicaciones, solo el estruendo de la violencia y el eco de un último acto de amor filial: el grito desesperado de una hija que, mientras era privada de su libertad, suplicaba a los captores que dejaran de patear a su anciano padre en el suelo. Desde ese instante, las horas en Veracruz ya no se miden en minutos, sino en el dolor punzante de una espera que asfixia y en el vacío de una silla que la verdad ha dejado vacía.
A 48 horas de su desaparición, la voz de su padre, Fernando Guzmán, se alzó en medio del dolor y la desesperación. En declaraciones conmovedoras, el hombre narró los minutos de horror en los que un comando irrumpió en su propiedad sin mediar palabra, doblegando la seguridad de su familia y agrediéndolo físicamente. Su testimonio expone la indefensión y crudeza total de ese instante:
“Yo salí, pero a mi agarraron y me golpearon, me dieron unas patadas y yo oí que gritó mi hija ‘a mi papá no le peguen, eso fue lo único, de ahí se me borró todo’”.
La última imagen que la familia conserva de Roxana es su defensa desesperada hacia su padre antes de ser arrastrada hacia la noche veracruzana, introducida a la fuerza en un vehículo tipo Versa blanco con placas sobrepuestas del estado de Puebla. Un video del asalto, viralizado en redes sociales, muestra cómo los criminales ignoraron las súplicas de un hombre que les advertía sobre la presencia de una menor de edad en el domicilio. En la casa se metieron, amenazaron a todo mundo y no dijeron más.
UN PASADO DE BALAS Y UN PRESENTE EN EL DESAMPARO INSTITUCIONAL
La tragedia no es ajena al entorno de la comunicadora. En el año 2017, Roxana se vio obligada a abandonar temporalmente Veracruz tras el asesinato de su esposo, Carlos Fernández Escalante, alias ‘El Loco’, quien fue ejecutado a balazos en la colonia Brunet de Nanchital, a escasos metros de donde ella se encontraba. Fernández Escalante contaba con antecedentes de detención por parte de las Fuerzas Armadas en 2012 por posesión de armas y drogas. Tras aquel episodio de sangre, Roxana regresó tiempo después para continuar con su labor informativa en una región donde ejercer el periodismo significa caminar sobre una cuerda floja.
Hoy, la impotencia de la familia Guzmán se vuelca también contra el aparato estatal. Con profunda amargura, los allegados de la periodista denunciaron una reacción tardía por parte de las autoridades, quienes iniciaron los operativos de búsqueda formal hasta 24 horas después del reporte del secuestro. Aunque actualmente la Guardia Nacional, la Marina y el Ejército despliegan fuerzas en la zona, los familiares sienten que el tiempo vital se escurrió entre los dedos de la burocracia criminal.
Mientras tanto, en Nanchital impera la ley del silencio. Los vecinos y pobladores de la periferia se rehúsan a emitir declaraciones o colaborar con los investigadores ministeriales debido al temor generalizado a sufrir represalias por parte de las células delictivas que controlan la plaza. Nadie ve, nadie escucha, nadie habla; el miedo se ha convertido en el vigilante más eficiente del crimen.
EL LLANTO POR LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN: “DEVUÉLVANME A MI HIJA”
Roxana Guzmán Ramírez no había reportado amenazas previas ni sostenía conflictos personales con ningún habitante de la comunidad, de acuerdo con los testimonios de su propio núcleo familiar. Su único “delito” aparente fue dirigir un medio enfocado en dar cobertura a temas de seguridad, política y dinámicas sociales del sur de Veracruz.
La dolorosa e implacable súplica de Fernando Guzmán encarna no solo el sufrimiento de un padre mutilado por la violencia, sino el colapso del ejercicio periodístico ante el acoso del crimen:
“Devuélvanme a mi hija, ella no les ha hecho nada, si el ser periodista les perjudica a todo mundo, pues entonces no va haber periodistas… Lo único que pido es que me la devuelvan”.
A medida que el reloj avanza hacia el tercer día desde su captura, las fiscalías estatales aseguran mantener abiertos los protocolos de localización, pero en las calles de Veracruz la realidad sigue siendo la misma: una silla vacía en una redacción local, un padre golpeado que llora ante los micrófonos y una comunidad que calla para sobrevivir, mientras la vida de una periodista pende de un hilo en la opacidad de la impunidad.
PUNTOS CLAVE DE LA NOTA
- El secuestro: La periodista Roxana Berenice Guzmán Ramírez, directora de Pulso Informativo Del Sureste, fue privada de la libertad la madrugada del pasado martes por cuatro sujetos armados en Nanchital, Veracruz.
- Testimonio del padre: Fernando Guzmán, padre de la víctima, relató haber sido golpeado por los delincuentes y detalló que las últimas palabras de su hija fueron para exigir que detuvieran la agresión en su contra.
- Modus operandi: Los captores utilizaron un vehículo Versa blanco con placas sobrepuestas de Puebla y operaron con violencia, ignorando la presencia de una menor en la vivienda.
- Acción gubernamental tardía: La familia condenó que los operativos coordinados entre la Guardia Nacional, el Ejército y la Marina iniciaran formalmente hasta 24 horas después del rapto.
- Entorno de riesgo: La periodista ya había sufrido el impacto de la violencia en 2017, cuando su esposo fue ejecutado a unos metros de ella; actualmente, el temor a represalias mantiene a los vecinos en absoluto silencio ante las autoridades.
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