18/06/2026
LANOTA.- El sur de Veracruz vuelve a convertirse en el epicentro de la impotencia y la impunidad. Han transcurrido cinco días desde la desaparición de Wenceslao Cruz Canseco, líder de la Agrupación de Taxistas de Acayucan, y la respuesta institucional sigue atrapada en la burocracia criminal que asfixia a la entidad.
Mientras su familia y compañeros del gremio transportista peinan las calles por cuenta propia, desafiando el peligro, las promesas de justicia de la Fiscalía General del Estado (FGE) y de la gobernadora Rocío Nahle se desvanecen ante una realidad brutal: en Veracruz, salir a trabajar se ha convertido en una ruleta rusa.
El caso de Cruz Canseco, un hombre ampliamente conocido por su labor comunitaria y su representación sindical, no es un hecho aislado; es el síntoma de una región entregada a la delincuencia. La alarma se encendió el pasado sábado, cuando el dirigente salió a cubrir su jornada habitual a bordo del taxi local número 303. Pocas horas después, el silencio telefónico confirmó la peor de las sospechas.
La zozobra escaló a indignación cuando la unidad de trabajo fue hallada abandonada y vacía en pleno corazón de la colonia Villalta, sobre la calle Corregidora, esquina con Lerdo de Tejada. Hasta el momento, los peritos no han revelado si el vehículo presentaba huellas de violencia, una opacidad gubernamental que solo alimenta la rabia de los deudos.
LA IMPOTENCIA DE BUSCAR EN EL DESIERTO INSTITUCIONAL
Ante la parálisis de los brazos investigadores del estado, la comunidad de transportistas y los familiares del líder social decidieron no cruzarse de brazos. Con fichas de la Comisión Estatal de Búsqueda en mano y recorridos improvisados por brechas de Acayucan y municipios colindantes, el gremio ha asumido las funciones de rastreo que le corresponden a las autoridades.
La desesperación tiene rostro y voz. Su hijo, Wenceslao Cruz Darío, lanzó un doloroso reclamo que retrata el abandono total de las víctimas en la entidad:
“Que se pongan la mano en el corazón. Es un hombre trabajador, un padre de familia que nunca le ha hecho daño a nadie. Sus hijos lo estamos esperando”.
La dolorosa declaración choca con una Fiscalía Regional que acumula denuncias en expedientes congelados. Amigos del dirigente transportista insisten en que Wenceslao no mantenía deudas, amenazas ni conflictos personales, lo que apunta a que su desaparición se enmarca en la ola de extorsiones, cobros de piso y levantamientos que azotan sistemáticamente a los trabajadores del volante en el sur veracruzano, un sector históricamente vulnerable y desprotegido.
NANCHITAL Y ACAYUCAN: DOS QUINCENAS DE TERROR E IMPUNIDAD
La desaparición de Wenceslao Cruz ocurre en un contexto de descomposición absoluta de la seguridad pública en el sur de Veracruz, donde el horror parece haberse normalizado. A la par de este caso, el municipio vecino de Nanchital cumple 15 días en vilo tras la privación ilegal de la libertad de la comunicadora Roxana Guzmán Ramírez.
La periodista fue sacada por la fuerza de su propio domicilio por un comando fuertemente armado. Dos semanas después, la investigación en torno a Guzmán Ramírez se encuentra en el mismo punto muerto que la del líder taxista.
La coincidencia de ambos casos en un rango geográfico tan estrecho ha desatado el pánico colectivo entre activistas, periodistas y comerciantes, quienes denuncian que la estrategia de pacificación en el estado es una simulación mientras los grupos armados operan con total libertad a plena luz del día.
EL TRANSPORTE PÚBLICO COMO BLANCO DE LA VIOLENCIA
Para los habitantes de Acayucan, que la unidad 303 haya aparecido abandonada pocas horas después de perderse el contacto con Cruz Canseco es la confirmación de un modus operandi criminal que la autoridad se niega a reconocer.
Los choferes de la región señalan que el gremio vive bajo el asedio constante de células delictivas que exigen cuotas obligatorias para dejarlos operar; quienes se oponen o intentan organizar a los trabajadores se convierten de inmediato en objetivos prioritarios.
La exigencia comunitaria es unánime y tajante: no se quiere una cifra más en las estadísticas de impunidad de la FGE. La familia y el sindicato exigen que la administración estatal agote de manera inmediata todas las líneas de investigación, incluyendo su labor como representante de los taxistas, antes de que el tiempo —el peor enemigo en los casos de desaparición forzada— borre las pocas huellas que quedan en el asfalto de Acayucan.
PUNTOS CLAVE DE LA NOTA
- Líder desaparecido: Wenceslao Cruz Canseco, dirigente de la Agrupación de Taxistas de Acayucan, cumple cinco días desaparecido en el sur de Veracruz tras perderse total comunicación con él el pasado sábado.
- Unidad abandonada: El taxi número 303 que conducía fue localizado pocas horas después de su desaparición en la colonia Villalta de Acayucan; las autoridades mantienen bajo reserva el estado físico del vehículo.
- Búsqueda ciudadana: Ante la inacción y lentitud de la Fiscalía General del State (FGE), familiares y compañeros del gremio transportista realizan brigadas de rastreo por su propia cuenta en zonas de riesgo.
- Crisis regional: El caso coincide con la grave situación de la comunicadora Roxana Guzmán Ramírez, quien cumplió 15 días secuestrada por un grupo armado en Nanchital, Veracruz.
- Exigencia de justicia: El gremio transportista y los familiares exigen la intervención directa de la gobernadora Rocío Nahle para frenar el clima de impunidad y acoso criminal que padece el sector del transporte público en la región.
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