LANOTA.MX– La imputación contra Paul Campo, exagente de la DEA, cayó como un golpe inesperado dentro de la agencia antidrogas de Estados Unidos. No sólo se le acusa de ofrecerse para lavar dinero con criptomonedas y colaborar en operaciones del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) junto con su amigo Robert Sensi; también se cuestiona la experiencia y el criterio con los que actuó durante esas negociaciones clandestinas.
Para especialistas como Mike Vigil, exjefe de Operaciones Internacionales de la DEA, el caso representa algo más que un escándalo aislado: “Es un ojo morado para la agencia”, afirmó en entrevista con Infobae México. A su juicio, las conversaciones entre Campo y quien creían un miembro del CJNG dejan ver una ingenuidad inusual en alguien con su trayectoria.
EL ORIGEN DEL CASO: UNA TRAMPA ENCUBIERTA
El Departamento de Justicia reconstruyó los hechos desde finales de 2024, cuando Sensi comenzó a reunirse con un informante encubierto que simulaba ser emisario del CJNG. Fue ahí donde ofreció los servicios de Campo, quien había pasado 25 años en la DEA, retirándose en 2016 tras ocupar el cargo de subdirector de Operaciones Financieras.
Las reuniones continuaron. Ambos aceptaron convertir efectivo en criptomonedas, asesorar sobre la producción de fentanilo e incluso explorar la compra de drones, armas y equipo militar. Según la investigación, estas conversaciones muestran un nivel de torpeza que llamó la atención del propio Vigil: preguntas básicas sobre explosivos o rutas de armamento, que ningún miembro real del CJNG habría hecho, pasaron inadvertidas para Campo.
FALTA DE EXPERIENCIA ENCUBIERTA, SEGÚN VIGIL
Para Mike Vigil, esa incapacidad para detectar inconsistencias revela algo fundamental: Campo no tenía el entrenamiento necesario para operar en ambientes infiltrados. El exfuncionario afirma que cualquier agente habituado al trabajo encubierto habría reconocido de inmediato señales sospechosas.
La petición de armas “tipo militar” es un ejemplo. “El CJNG compra sus armas en Texas y Arizona. No en Washington. No en Nueva York”, dijo Vigil. Ese detalle, asegura, debería haber levantado alarmas instantáneas.
UN ESQUEMA DE LAVADO Y ASESORÍA CRIMINAL
La acusación federal afirma que Campo y Sensi acordaron lavar 12 millones de dólares de ganancias del CJNG. Además, realizaron operaciones por 750 mil dólares que fueron convertidos en criptomonedas y facilitaron un pago equivalente a 220 kilos de cocaína.
Su conducta, según el expediente, no solo brindó servicios financieros ilícitos, sino que además ofreció conocimientos estratégicos sobre droga sintética y tecnología de uso militar.
CARGOS GRAVES Y UN PROCESO QUE APENAS COMIENZA
Ambos enfrentarán proceso por tres cargos de conspiración: narcoterrorismo, distribución de drogas y apoyo material al CJNG. Cada uno de ellos implica penas que pueden alcanzar los 20 años de prisión e incluso cadena perpetua si se acredita su participación plena.
El juicio iniciará en los próximos días, mientras la DEA enfrenta las repercusiones de ver a uno de sus antiguos mandos envuelto en un esquema criminal que contradice todo aquello que juró combatir.
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