Dalila Medina, otra agente muerta en cuartel de la GN: familiares claman justicia

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Dalila fue asesinada, dicen sus compañeras.

LANOTA–  La noche en el cuartel de Los Órganos transcurría con normalidad hasta que, poco después de la medianoche, el silencio fue interrumpido por un hallazgo que estremeció a todos: el cuerpo de Dalila Medina Acosta, una joven agente de 23 años, apareció sin vida en el área de estacionamiento. 

La noticia corrió rápido entre sus compañeras, quienes no tardaron en recordar que no era la primera vez que una mujer de la Guardia Nacional moría dentro de las instalaciones.

ENTRE HIPÓTESIS Y SOSPECHAS

Las primeras versiones oficiales intentaron explicar lo ocurrido como un accidente con su arma de cargo. Sin embargo, la Fiscalía General del Estado abrió también una investigación bajo el protocolo de homicidio doloso. En el sitio se encontró una pistola calibre 9 milímetros y un casquillo percutido, pero las cámaras de seguridad no estaban funcionando esa madrugada, lo que dejó un vacío de pruebas y alimentó la desconfianza.

EL ROSTRO DETRÁS DEL UNIFORME

Dalila no era solo una agente. Era una joven originaria de Zumpahuacán, Estado de México, apasionada por el fútbol y cercana a su familia, a quienes impulsaba a seguir estudiando. Para quienes la conocieron, la versión de un suicidio resulta inverosímil. “Dalila no se mató, a Dalila la mataron”, escribieron sus compañeras en redes sociales, con la certeza de que su historia no puede quedar reducida a un expediente olvidado.

UNA HERIDA QUE NO CICATRIZA

El caso de Dalila revive inevitablemente el recuerdo de Stephania Carmona Rojas, otra joven agente que murió en octubre pasado dentro del 51 Batallón de la GN en Acapulco. En un principio se habló de un accidente en una práctica de tiro, pero la necropsia reveló dos disparos en la cabeza. Por ese hecho fue detenido un sargento, mientras activistas exigieron que se investigara como feminicidio.

EL CLAMOR DE JUSTICIA

Colectivos y compañeras de ambas agentes han levantado la voz para que las muertes sean investigadas con perspectiva de género. Señalan que no se trata de hechos aislados, sino de un patrón de violencia que pone en riesgo a las mujeres dentro de las fuerzas armadas. La exigencia es clara: que la Guardia Nacional asuma su responsabilidad y que las investigaciones no se diluyan en burocracia.

EL DUELO DE UNA COMUNIDAD

El cuerpo de Dalila será recibido en el Barrio Santa Ana, donde familiares y vecinos la despedirán con dolor y con rabia. Para ellos, la joven representaba orgullo y esperanza, alguien que portaba el uniforme con dignidad. Hoy, su partida se convierte en símbolo de una demanda colectiva: que ninguna mujer vuelva a morir en silencio dentro de las instituciones que deberían protegerlas.

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