LANOTA.MX– La historia del sistema de abasto de medicamentos en México parece escrita por un guionista de comedia política. Primero, la Megafarmacia del Bienestar: un elefante blanco de 15 mil millones de pesos que terminó funcionando más como bodega que como farmacia. Apenas surtía unas seis recetas al día, mientras presumía capacidad para 280 millones de medicinas. Un fracaso monumental que dejó más dudas que medicinas.
Ahora, el giro irónico: de la megainfraestructura pasamos a los modulitos del Bienestar, pequeñas casetas que recuerdan más a una taquería ambulante que a un centro de salud. El menú no incluye pastor ni suadero, pero sí 22 medicamentos básicos, suficientes —según el discurso oficial— para cubrir el 80% de las necesidades de los pacientes.
SALUD CASA POR CASA… PERO CON ESCALA EN LA ESQUINA
El programa Salud Casa por Casa presume haber realizado más de 8.8 millones de consultas domiciliarias. Médicos y servidores públicos llegan hasta la puerta de los beneficiarios para entregarles recetas… que luego deben salir a surtir en las Farmacias del Bienestar.

La ironía es evidente: el gobierno llega hasta tu sala para decirte que necesitas medicina, pero te manda a la calle a buscarla en un módulo improvisado. Es como si el servicio de comida a domicilio te dejara la lista del súper y te dijera: “ahora ve tú por los ingredientes”.
LA NARRATIVA OFICIAL: ABUNDANCIA GARANTIZADA
La presidenta Claudia Sheinbaum asegura que el abasto está garantizado: contratos por más de 4,500 millones de piezas de medicamentos y 3,150 tipos distintos. El discurso es tajante: no habrá crisis, al contrario, “cada día se entregan más”.
Pero la memoria reciente de la Megafarmacia —con datos borrados, transparencia opaca y medicamentos fuera de norma— hace que la promesa suene más a propaganda que a certeza.

IRONÍA FINAL: DEL FRACASO MONUMENTAL AL ÉXITO PORTÁTIL
El Estado mexicano pasó de presumir una farmacia del tamaño de un estadio a instalar casetas que parecen puestos de tacos. La diferencia es que en la taquería al menos sabes que te sirven lo que pediste. En las Farmacias del Bienestar, la receta puede convertirse en un boleto de lotería: ¿habrá medicamento hoy o solo discurso?
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