¿Dos grapas de cocaína bastan para participar en el asesinato de Carlos Manzo?

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Carlos Manzo y Samuel N.

LANOTA– La detención de Samuel ‘N’, exdirector de Relaciones Públicas y Protocolo de Uruapan, ha abierto un debate inquietante: ¿puede un funcionario convertirse en partícipe de un asesinato por recibir apenas dos dosis de cocaína? O, más allá de lo evidente, ¿no habrá otro asunto de fondo que explique su papel en el crimen contra el exalcalde Carlos Manzo?

UNA SOSPECHA QUE NACIÓ EN UN FUNERAL

El hermano del exedil, Juan Manzo, relató que conoció a Samuel durante el funeral de Carlos. Desde ese momento, su actitud le pareció extraña, distinta a la de los demás funcionarios. Con el tiempo, las investigaciones confirmaron que información sensible había sido filtrada desde un chat interno del gabinete municipal, lo que apuntaba a la existencia de un informante.

EL INFORMANTE DEL CJNG

De acuerdo con las autoridades, Samuel ‘N’ habría entregado datos sobre los movimientos del alcalde a una célula del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), liderada por Jorge Armando ‘N’, alias El Licenciado. A cambio, recibió dos “grapas” de cocaína. La aparente insignificancia del pago contrasta con la magnitud del crimen: un asesinato político que sacudió a Uruapan.

¿UNA VENGANZA PERSONAL O UN ENLACE MAYOR?

En audiencia, Samuel declaró que estaba “hasta la madre” de Carlos Manzo, luego de que el alcalde le negara un permiso para ver a su hija. Ese resentimiento personal, sumado al consumo de droga, habría sido el detonante de su colaboración con el CJNG. Sin embargo, la pregunta persiste: ¿es creíble que un asesinato de alto impacto se haya facilitado por un enojo laboral y dos dosis de cocaína?

LA TRAICIÓN EN EL AYUNTAMIENTO

La alcaldesa Grecia Quiroz, esposa de Carlos Manzo, aseguró sentirse traicionada. Recordó que Samuel llegó con credenciales de asesor en la Cámara de Diputados y que había dado resultados positivos en el ayuntamiento. “Nunca hubiera creído que fuese parte de lo que sucedió”, expresó. Su testimonio refuerza la intriga: ¿se trataba de un infiltrado desde el inicio o de un funcionario que se quebró en el camino?

EL MISTERIO QUE PERSISTE

La investigación oficial apunta a Samuel como pieza clave en el asesinato. Pero la narrativa deja huecos: ¿por qué un funcionario con trayectoria aceptaría arriesgarlo todo por un pago tan mínimo? ¿No será que las “grapas” fueron apenas un símbolo de una relación más profunda con el crimen organizado?

El caso de Carlos Manzo no solo exhibe la vulnerabilidad de los gobiernos locales frente al narcotráfico, sino también la fragilidad humana ante resentimientos y tentaciones. La historia de Samuel ‘N’ plantea un dilema inquietante: ¿fue un informante por necesidad, por venganza, o por algo que aún no se ha revelado?

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