¿El beso del diablo? Morenistas se unen en Chihuahua… pero contra Andrea Chávez

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Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar.

LANOTA– El termómetro político en Chihuahua ha rebasado los niveles de tolerancia mucho antes de lo previsto. Lo que debería ser una transición ordenada hacia 2027 se ha convertido en un campo de batalla donde los elogios pesan tanto como las dagas. 

El reciente “destape” de la senadora Andrea Chávez por parte del excoordinador de la bancada morenista, Adán Augusto López, no sólo encendió las alarmas en el norte, sino que puso sobre la mesa una duda punzante: ¿es este respaldo un impulso definitivo o un lastre tóxico?

EL PESO DE UNA PROFECÍA: ¿APOYO QUE MATA?

La narrativa se fracturó durante la mesa de debate de la periodista Azucena Uresti. Ahí, el espaldarazo de Adán Augusto a Chávez —asegurando que ella será la próxima gobernadora porque “Chihuahua ya merece un buen gobierno”— fue recibido con escepticismo punzante. La frase de Marcela Guerra resonó como una sentencia: “Hay apoyos que matan”.

Para muchos, la intervención del tabasqueño se percibe como una injerencia externa que busca imponer una voluntad centralista en un estado históricamente celoso de su autonomía. El término “el beso del diablo” no es gratuito; en la política mexicana, cuando un perfil de la vieja guardia “unge” a una figura emergente, suele transferirle también sus propios negativos y las facturas pendientes con Palacio Nacional.

“EN CHIHUAHUA MANDAMOS LOS CHIHUAHUENSES”: LA REBELIÓN DE JUÁREZ

La respuesta más visceral no vino de la oposición, sino del fuego amigo. El alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, no ocultó su irritación. Con la legitimidad que le otorgan las encuestas —donde firmas como Gobernarte lo sitúan con un 36.5% de preferencia frente al 29.1% de Chávez—, Pérez Cuéllar lanzó un dardo directo al corazón del centralismo:

“Aquí el pueblo manda… no va a decidir un senador que ni siquiera vota en Chihuahua”.

Este choque no es menor. Representa la pugna entre el oficialismo territorial, que pica piedra en los municipios, y el oficialismo de escaparate, que se construye en los pasillos del Senado y bajo el ala de figuras nacionales. Mientras la dirigente estatal de Morena, Brighite Granados, intenta mantener el equilibrio llamando a Pérez Cuéllar una “carta fuerte”, la sombra de Adán Augusto —quien recientemente dejó la Jucopo tras una misteriosa reunión en Palacio Nacional— añade una capa de incertidumbre sobre qué tanto poder real le queda para cumplir su profecía.

EL FACTOR LEBARÓN: LA TERCERA VÍA QUE AGITA EL AVISPERO

Mientras los morenistas se despedazan por la bendición de la cúpula, una figura disruptiva ha entrado en la ecuación: Julián LeBaron. Su intención de buscar la gubernatura por la vía independiente en 2027 cambia las reglas del juego. No habla de partidos, sino de una organización civil y menonita harta de lo que califican como un siglo de instituciones fallidas.

LeBaron apuesta por la narrativa de la autodefensa —de la vida, la libertad y la propiedad—, un discurso que cala hondo en un estado asediado por la inseguridad y que podría capitalizar el desencanto de quienes ven en Morena y el PAN dos caras de la misma moneda política.

UN TABLERO AL ROJO VIVO

Andrea Chávez insiste en que las encuestas serán abiertas y que “los chihuahuenses decidirán”. Sin embargo, la percepción de una candidatura “prefabricada” desde la Ciudad de México es el flanco más débil de su aspiración. El desafío para la senadora será sacudirse el estigma del tutelaje de Adán Augusto, mientras que para Pérez Cuéllar el reto será demostrar que el arraigo local es más fuerte que el “dedazo” disfrazado de vaticinio.

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