09/10/2026
LANOTA.MX.- La guerra intestina que fractura al Cártel de Sinaloa ha cumplido dos años de devastación continua, transformando radicalmente su morfología criminal y desplazando sus teatros de operaciones. Lo que inició en 2024 como una crisis desatada por el presunto secuestro y entrega de Ismael “El Mayo” Zambada a la justicia de Estados Unidos por parte de Joaquín Guzmán López —hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán— hoy se ha consolidado como un conflicto crónico de dinámicas mutantes.
Una exhaustiva investigación de campo realizada en Culiacán por el equipo de InSight Crime, encabezado por la analista Victoria Dittmar y el codirector Steven Dudley, constata que la violencia dista de haber desaparecido; por el contrario, se ha vuelto más selectiva y quirúrgica, reconfigurando la vida cotidiana de los habitantes y expandiendo la onda expansiva del terror hacia nuevas regiones del occidente mexicano.
EL NUEVO ROSTRO DE CULIACÁN: RIESGO COTIDIANO Y EL IMPACTO DEL CRIMEN ORGANIZADO
Durante su estancia en la capital sinaloense, los investigadores experimentaron de primera mano la persistencia del peligro cuando, un jueves por la noche, un tiroteo estalló en las inmediaciones de su hotel en un ataque dirigido contra un intérprete de narcocorridos cuyas composiciones ensalzaban a Los Chapitos. A pesar de que la presencia ostentosa de los tradicionales “punteros” —jóvenes vigías con radios de comunicación— y la narcocultura en espacios públicos se han replegado, la capital sigue siendo el escenario principal de agresiones selectivas contra miembros o simpatizantes de la facción rival.
Para la ciudadanía, la supervivencia urbana exige un cálculo permanente del riesgo, alimentado por cadenas de alertas en grupos vecinales de WhatsApp y una constante compartición de ubicaciones.
En el plano financiero, el golpe económico ha sido catastrófico; economistas consultados por InSight Crime advierten que la contracción comercial y la parálisis nocturna han superado con creces los estragos económicos dejados por la pandemia de covid-19, manteniendo a hoteles y restaurantes operando con mínimos históricos de ocupación y horarios recortados.
DE LA CAPITAL A LAS COSTAS: MAZATLÁN Y NAYARIT COMO NUEVOS EPICENTROS DE LA DISPUTA
Si bien el conflicto germinó en los bastidores originales de Los Chapitos en Culiacán —donde la facción llegó a ostentar un control absoluto y visible de la vida nocturna y comercial—, el tablero bélico se ha desplazado drásticamente. Hoy en día, los combates de mayor intensidad se concentran en el puerto turístico de Mazatlán y en los municipios fronterizos con el estado de Nayarit, una franja estratégica vital para el trasiego de cocaína, el ingreso de precursores químicos y el control de las rutas terrestres hacia la frontera estadounidense.
Esta descentralización de la violencia no ha significado una tregua, sino una metamorfosis táctica en la que las desapariciones forzadas —un fenómeno atípico en confrontaciones sinaloenses previas— se mantienen en niveles alarmantes. Este enfrentamiento representa ya la tercera gran guerra interna del cártel en dos décadas, precedida por la ruptura con los Beltrán Leyva en 2008 y la escisión del “Mini Lic” en 2017.
RECONFIGURACIÓN DE ALIANZAS Y EL ASCENSO DEL CHAPO ISIDRO
El ajedrez de las alianzas criminales ha sufrido giros copernicanos en este bienio. Mientras Los Chapitos apostaron inicialmente por un pacto táctico con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) —cuya vigencia actual tambalea tras la muerte de Nemesio Oseguera “El Mencho” y la caída de operadores como “El Jardinero”—, La Mayiza consolidó un bloque regional sumamente sólido.
Según la evaluación de InSight Crime, la facción zambadista se alió con la familia Cabrera en Durango y con el Cártel de Guasave, encabezado por Fausto Isidro Meza, el Chapo Isidro, heredero de estructuras de los Beltrán Leyva. Para Steven Dudley, el gran beneficiario político y militar de esta fractura podría terminar siendo el Chapo Isidro, aunque advierte que el tablero sigue en plena ebullición.
EL ROL DEL ESTADO: PRESENCIA MILITAR, ESCÁNDALOS POLÍTICOS Y EXPANSIÓN NACIONAL
Frente a la crisis, la estrategia gubernamental encabezada por la administración de Claudia Sheinbaum ha depositado el peso operativo en las fuerzas federales. El Ejército y la Guardia Nacional mantienen férreos retenes y patrullajes en las entradas y arterias de Culiacán.
No obstante, estos operativos militares han corrido paralelamente a fuertes escándalos políticos, luego de que autoridades estadounidenses imputaran a principios de año a exfuncionarios del gobierno estatal —incluyendo al exgobernador— por presunta complicidad con Los Chapitos.
La presión combinada de las acciones federales mexicanas y los requerimientos de la administración de Donald Trump han obligado a las células delictivas a diversificarse. Se han documentado tensiones y choques armados extendidos hacia Mexicali con “Los Rusos”, disputas en Zacatecas y el desplazamiento de operadores hacia urbes como Guadalajara, Michoacán y la Ciudad de México, además de un repunte inusual en el aseguramiento de laboratorios clandestinos de metanfetamina en entidades sin historial previo como Guanajuato y Morelos.
Para los analistas, el horizonte no augura la extinción del Cártel de Sinaloa, sino la consolidación de un nuevo y doloroso equilibrio entre las facciones que logren sobrevivir a la tormenta.
PUNTOS CLAVE:
- Dos años de guerra: El conflicto entre La Mayiza y Los Chapitos cumplió dos años desde la captura de Ismael “El Mayo” Zambada en 2024.
- Violencia focalizada: Investigadores de InSight Crime documentaron que los ataques se han vuelto más selectivos, manteniendo a Culiacán bajo un clima de constante tensión y riesgo cotidiano.
- Desplazamiento geográfico: Las batallas principales se mudaron al puerto de Mazatlán y a los límites territoriales con Nayarit, zonas vitales para rutas de droga y precursores.
- Nuevos liderazgos: La alianza de La Mayiza con el Chapo Isidro y células de Durango posiciona a esta facción con una renovada proyección estratégica.
- Presión institucional: El gobierno de Claudia Sheinbaum mantiene una fuerte presencia del Ejército y la Guardia Nacional, mientras el crimen dispersa sus operaciones hacia otros estados de la República.
Síguenos en @LaNotaDeMexico








