En un freno rotundo a la “ajolotización” de la infraestructura urbana, el Gobierno de la CDMX se vio obligado a repintar de amarillo vial los puentes y distribuidores que previamente había cubierto de morado institucional, imponiendo el cumplimiento de las normas oficiales de seguridad y visibilidad sobre el marketing político. Esta rectificación, que desató severas críticas en redes sociales por el doble gasto de recursos públicos, coincide con un panorama complejo para la capital, marcado por fallas operativas a menos de un mes de la modernización del Tren Ligero, la suspensión de clases por la inauguración del Mundial, el avance del proceso penal contra Gerardo Mérida y la implementación de un plan de salud mental de emergencia ante preocupantes brotes de violencia juvenil vinculados a subculturas de internet
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