La norma vence al capricho: CDMX da marcha atrás en ‘ajolotización’ y vuelve el amarillo a los puentes

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Vuelve el amarillo a puentes y señalizaciones viales.

1/06/2026

LANOTA.- En el urbanismo, como en la política, la identidad visual suele ser el primer territorio que los nuevos gobiernos buscan conquistar. Sin embargo, cuando la identidad partidista choca de frente con los manuales de seguridad vial internacionales y las Normas Oficiales Mexicanas (NOM), la realidad y la cordura terminan por imponerse.

La madrugada del 1 de junio de 2026 marcó el inicio de un discreto pero masivo repliegue estético en la infraestructura de la Ciudad de México. Tras semanas de severas críticas ciudadanas y advertencias de especialistas, el Gobierno de la CDMX, encabezado por Clara Brugada, comenzó a revertir la denominada “ajolotización” de la capital, repintando de amarillo vial los puentes y distribuidores que días antes habían sido cubiertos de color morado e iconografía de ajolotes.

EL RETORNO DE LA CORDURA URBANA ANTE LAS CRÍTICAS

La controversia escaló rápidamente en redes sociales cuando automovilistas y transeúntes documentaron con fotografías y videos cómo cuadrillas urbanas intervenían de urgencia puntos neurálgicos de la ciudad, como el Distribuidor Vial San Antonio con rumbo a Río Becerra, en la alcaldía Benito Juárez. Estas estructuras, que formaban parte de un programa de rehabilitación de vialidades primarias con una inversión superior a los 2 mil 600 millones de pesos, habían sido unificadas bajo el color lila institucional de la administración local.

El descontento no se limitó a un debate estético. Internautas y expertos en movilidad señalaron de inmediato que sustituir el amarillo preventivo por tonos pasteles reducía drásticamente la visibilidad nocturna de los pilares y machuelos, incrementando el riesgo de accidentes. Ante la presión ciudadana y el evidente error normativo, las autoridades capitalinas se vieron obligadas a recular, aplicando una segunda capa de pintura para devolver los criterios técnicos a la infraestructura, un doble gasto que los capitalinos catalogaron como un “derroche nacido del capricho y la ignorancia”.

LA LEY DEL COLOR: ¿POR QUÉ EL AMARILLO NO ES NEGOCIABLE?

De acuerdo con los manuales de la Escuela Mexicana de Manejo y la normativa de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), los colores en las vías públicas no se eligen para “que se vean bonitos”, sino para salvar vidas. El amarillo es un estándar internacional de prevención que el cerebro humano procesa de forma prioritaria en situaciones de velocidad o baja luminosidad.

La estandarización divide el uso del amarillo en dos grandes pilares que hoy regresan a la normalidad en la CDMX:

  • Señalamientos verticales: Rombos preventivos que advierten sobre condiciones de peligro próximo (curvas cerradas, zonas escolares, reductores de velocidad o cruces de peatones).
  • Señalamientos horizontales: El rayado del pavimento. La línea amarilla central delimita los flujos en doble sentido; la doble línea continua establece una prohibición absoluta de rebase; y el pintado de las banquetas (machuelos) dictamina las zonas donde está estrictamente prohibido estacionarse.

UN CONTEXTO COMPLEJO: INFRAESTRUCTURA FALLIDA

Este reajuste de prioridades ocurre en un momento donde la opinión pública exige atención a temas de fondo y no a cosmética urbana. La misma red de transporte público ha mostrado signos de fatiga prematura; apenas a semanas de su publicitada modernización y de que los usuarios comenzaran a viajar en los nuevos trenes del Tren Ligero (apodados popularmente como “El Ajolote”), el sistema ya presentó fallas críticas operativas, demostrando que la eficiencia técnica no se resuelve con una nueva cromática.

La rectificación en los puentes de la CDMX demuestra que, aunque el marketing político intente impregnar cada rincón del espacio público, existen límites técnicos e institucionales donde la seguridad de los ciudadanos debe prevalecer sobre la identidad visual de un gobierno.

PUNTOS CLAVE DE LA NOTA

  • Rectificación vial: El Gobierno de la CDMX comenzó a repintar de amarillo los puentes y señalizaciones que previamente habían sido pintados de morado bajo la narrativa de la “ajolotización”.
  • Seguridad sobre estética: El cambio responde a fuertes críticas en redes sociales y la exigencia de cumplir con las normas oficiales de visibilidad y prevención de accidentes de tránsito.
  • Cuestionamiento de recursos: Ciudadanos lamentan el doble gasto de presupuesto público en la Secretaría de Obras y Servicios debido a la falta de planeación normativa inicial.
  • Fallas en el transporte: El Tren Ligero (“El Ajolote”) presentó averías técnicas a menos de un mes de haber sido inaugurada su modernización tecnológica.
  • Foco en seguridad y justicia: El panorama se complementa con el avance del caso penal contra Gerardo Mérida y la urgencia de un plan gubernamental de salud mental contra la violencia de subculturas web.

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