LANOTA.- Lo que la justicia del Estado de México hoy califica como homicidio, para la familia de S.R.V. fue una sentencia de muerte dictada por la negligencia. El caso de Jesús Fernando “N”, Carolina “N” y Diego “N” no es solo un “error médico”; es la radiografía de un sistema que permitió a presuntos especialistas operar sin certificaciones y en condiciones deplorables durante más de una década.

EL QUIRÓFANO DEL HORROR: SIN SANGRE, SIN CUIDADOS Y SIN ÉTICA
La investigación de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) revela una realidad aterradora: la clínica Santa Teresa, en Toluca, operaba como un cascarón vacío. El 15 de octubre de 2021, S.R.V. entró para una liposucción y mamoplastia; lo que recibió fue una condena.
Los médicos no solo omitieron las valoraciones básicas de riesgo, sino que sometieron a la paciente a una intervención de alta complejidad en un sitio que carecía de Unidad de Cuidados Intensivos, banco de sangre y laboratorio. Cuando sobrevino la tromboembolia pulmonar, la clínica no tenía nada para salvarla. Fue una trampa mortal donde el lucro se impuso a la vida.
UNA DÉCADA DE VÍCTIMAS BAJO LA SOMBRA DE LA IMPUNIDAD
Lo más indignante de este proceso no es solo la muerte de S.R.V., sino el hecho de que estos tres médicos están vinculados a otros casos de negligencia que datan desde 2013. ¿Cómo es posible que, tras 11 años de presuntas malas praxis y al menos tres víctimas adicionales —incluyendo otro fallecimiento—, estos individuos siguieran portando el bisturí?
La sospecha de que se ostentaban como cirujanos plásticos sin contar con la especialidad apunta a un ejercicio ilegal de la medicina que el Estado permitió por omisión. No son médicos enfrentando una complicación fortuita; son sujetos que, según las indagatorias, hicieron de la informalidad médica un modelo de negocio.
MÉXICO: EL PARAÍSO DE LAS CLÍNICAS PATITO
El auge de las cirugías estéticas en México —con más de 1.7 millones de procedimientos anuales— ha creado un mercado negro de “clínicas patito”. La fascinación por la liposucción y el aumento de glúteos ha alimentado a una legión de charlatanes que, amparados en el bajo costo y la publicidad engañosa en redes sociales, operan en consultorios improvisados.
Este caso vuelve a exhibir la raquítica supervisión de las autoridades sanitarias. Mientras el turismo médico florece, también lo hace la cifra de pacientes que terminan en la morgue o con secuelas irreversibles. La prisión preventiva para estos tres implicados es un paso, pero llega tarde para quienes, desde hace años, denunciaron que en ese quirófano de Toluca se jugaba con la vida.
PUNTOS CRÍTICOS DEL CASO
- Negligencia sistemática: Los médicos ignoraron factores de riesgo evidentes y operaron en un lugar sin infraestructura de emergencia.
- Cómplices por omisión: La clínica Santa Teresa funcionaba sin los requisitos mínimos de seguridad hospitalaria.
- Justicia tardía: Los imputados arrastran un historial de víctimas desde 2013 que no fue frenado a tiempo.
- Falsos especialistas: Se investiga el fraude profesional de quienes operaban sin certificaciones del Consejo Mexicano de Cirugía Plástica.
- Mercado de riesgo: México es potencia en cirugías estéticas, pero la falta de vigilancia convierte la belleza en una ruleta rusa.
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