4/06/2026
LANOTA.- La crisis humanitaria de las desapariciones en el norte del país sumó un nuevo capítulo en la zona serrana de Zacatecas. Autoridades estatales confirmaron que personal especializado de la Fiscalía General de Justicia del Estado trabaja en la recuperación y exhumación de restos humanos localizados en una fosa clandestina en el municipio de Valparaíso.
El hallazgo, realizado en terrenos de difícil acceso mediante el uso de herramientas tecnológicas de prospección, vuelve a encender las alarmas sobre la impunidad sistémica en una de las regiones más asediadas por la violencia en la entidad.
Por estrictos protocolos de investigación y motivos de seguridad, las instancias oficiales han mantenido bajo reserva los detalles específicos y el número preliminar de víctimas. Sin embargo, la gravedad de la situación territorial queda en evidencia ante el fuerte despliegue operativo en la zona, donde brigadas civiles de la Comisión Local de Búsqueda y la Fiscalía Especializada en Materia de Desaparición Forzada son custodiadas por un dispositivo perimetral integrado por el Ejército Mexicano, la Guardia Nacional y la Secretaría de Seguridad Pública del Estado.
VALPARAÍSO Y LA FRONTERA SERRANA: EL BOTÍN DE LOS CÁRTELES
La acumulación de hallazgos en Valparaíso no es un hecho aislado, sino la consecuencia directa de una geografía codiciada por el crimen organizado. Esta región serrana se encuentra en el epicentro de una cruenta disputa territorial debido a su posición estratégica para el trasiego de drogas, al colindar con los estados de Durango, Nayarit y Jalisco. Reportes de inteligencia confirman que en este perímetro operan de manera frontal el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
A pesar de que en la entidad federativa también registran actividad otras células delictivas como el Cártel del Golfo, el Cártel del Noreste y la facción de Los Zetas conocida como Los Talibanes, es la guerra abierta entre las dos principales organizaciones trasnacionales la que ha convertido las zonas boscosas y de difícil acceso en auténticos campos de exterminio clandestino. La ausencia de un control territorial efectivo por parte del Estado ha permitido que las estructuras criminales monten campamentos del crimen organizado donde deciden el destino de cientos de personas desaparecidas.
EL RASTRO DEL HORROR: LOS HALLAZGOS DE “LAS ESCARABAJOS” EN FRESNILLO
La labor de las autoridades estatales camina a la zaga del esfuerzo civil. Colectivos integrados por familiares, como el grupo de búsqueda Las Escarabajos, continúan desenterrando la verdad ante la falta de recursos institucionales. En una de sus intervenciones en la comunidad de La Casita, en Fresnillo, Zacatecas —ubicada a casi dos horas de la cabecera municipal—, el colectivo localizó una fosa clandestina asentada sobre lo que fue un campamento inactivo de la delincuencia organizada.
En el sitio, las madres buscadoras hallaron indicios de extrema violencia: una pira con más de 500 fragmentos óseos calcinados y restos de pertenencias personales dispersas, entre ellas prendas íntimas femeninas, cobijas y calzado. El dolor de los familiares se manifiesta a pie de fosa. “No puedo evitar pensar en mi hijo, si tendrá frío. Vengo aquí y pienso en encontrar algo que le pertenezca”, compartió una de las madres, bajo el seudónimo de “Pichón”. Este testimonio retrata la doble victimización a la que se enfrentan las familias que asumen las funciones de antropología forense que el sistema de justicia posterga.
JEREZ, TEPETONGO Y LUIS MOYA: LA CRISIS DE EXHUMACIÓN QUE NO CEDE
La numeralia del horror se extiende a lo largo de toda la geografía zacatecana. Hacia el sur, en el municipio de Jerez, el gobierno estatal validó la localización de otra fosa clandestina en la comunidad de El Roble durante brigadas de proximidad colectiva. Asimismo, los antecedentes inmediatos pintan una realidad persistente: en un predio de la comunidad del Caquixtle, en Tepetongo, Zacatecas, las jornadas coordinadas sumaron seis fosas clandestinas y la exhumación de múltiples restos óseos. En este último punto, los hallazgos incluyeron fragmentos expuestos en la superficie y objetos personales como cadenas de la Santa Muerte, relojes, anillos y prendas de vestir estampadas que hoy fungen como las únicas pistas para la identificación forense.
A este mapa se añaden antecedentes de igual magnitud, como los 10 cuerpos encontrados en una fosa clandestina en el municipio de Luis Moya al sureste del estado, demostrando que los entierros ilegales son una práctica sistematizada de las agrupaciones delictivas para borrar los rastros de sus delitos. Ante un aparato pericial que avanza con lentitud cronológica, el uso de tecnología y el acompañamiento militar en zonas como Valparaíso surgen como respuestas coyunturales, pero insuficientes para frenar el engranaje de violencia e impunidad que sigue devorando el territorio zacatecano.
PUNTOS CLAVE DE LA NOTA
- Hallazgo en Valparaíso: Autoridades especializadas de Zacatecas realizan la recuperación de restos humanos en una fosa clandestina localizada en terrenos de difícil acceso de la zona serrana del municipio.
- Reserva y seguridad: Por motivos de seguridad y apego a los protocolos judiciales, los detalles exactos del hallazgo se mantienen bajo reserva oficial, bajo el resguardo del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional.
- Guerra de cárteles: El municipio de Valparaíso se mantiene como un punto crítico debido a la confrontación directa entre el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) por el control del trasiego fronterizo.
- Exterminio en Fresnillo: El colectivo civil Las Escarabajos documentó el hallazgo de más de 500 fragmentos óseos calcinados en un antiguo campamento criminal en la comunidad de La Casita.
- Crisis forense permanente: Los descubrimientos en localidades como Jerez, Tepetongo y Luis Moya confirman la recurrencia de fosas clandestinas y entierros ilegales a lo largo de todo el territorio zacatecano.
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