LANOTA.– El retiro del Fondo Global de Pensiones del Gobierno de Noruega de sus inversiones en Petróleos Mexicanos (Pemex) no es un acto aislado ni impulsivo. Es una señal clara de alarma sobre el rumbo ético de la principal empresa estatal mexicana.
La decisión está sustentada en una investigación exhaustiva del Consejo de Ética del fondo, que revisó casi 20 años de operaciones de Pemex, abarcando desde 2004 hasta 2023. El resultado: un patrón persistente de corrupción, opacidad y negligencia institucional.
CORRUPCIÓN CRÓNICA, SIN CASTIGO
Los ejemplos sobran. Desde el emblemático caso de Emilio Lozoya y los sobornos de Odebrecht por más de 14 millones de dólares, hasta los contratos irregulares otorgados entre 2019 y 2023 a empresas vinculadas a personajes cercanos al poder, como Felipa Obrador, prima del presidente. También se suman sobornos comprobados pagados por Vitol a funcionarios de Pemex y su filial PPI, y adquisiciones infladas como la de Agronitrogenados y Fertinal.

A pesar de la magnitud y frecuencia de estos casos, Pemex ha reportado no haber recibido ninguna denuncia por sobornos activos o pasivos en cinco años. Una contradicción que habla por sí sola.
TRANSPARENCIA DE PAPEL
El informe señala que, aunque Pemex asegura tener un sistema anticorrupción basado en estándares internacionales, no da detalles sobre su implementación ni sobre el número de personas responsables de operarlo. Tampoco se conocen los resultados de las evaluaciones de riesgo ni los mecanismos de sanción. Es un sistema opaco que existe más en el discurso institucional que en la práctica.
NEGACIÓN COMO POLÍTICA INSTITUCIONAL
Lejos de asumir responsabilidades, Pemex suele descalificar las investigaciones periodísticas y los señalamientos públicos, tachándolos de “falsos” o “sensacionalistas”. Esta actitud ha sido constante, incluso cuando las evidencias provienen de procesos judiciales internacionales o de informes elaborados por entidades independientes como Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI).
¿QUÉ IMPLICA ESTA DECISIÓN?
El fondo noruego redujo su inversión en Pemex de 600 millones de dólares en 2014 a solo 40 millones en 2024. Su salida definitiva es más que simbólica: representa una pérdida de confianza en la viabilidad ética y financiera de la petrolera mexicana. Si otros fondos siguen el mismo camino, Pemex enfrentará una presión internacional creciente para reformarse… o aislarse.
PEMEX, EJEMPLO DE UNA ENFERMEDAD MÁS GRANDE
Lo más grave no es la exclusión del fondo, sino lo que revela: que una empresa clave para la economía nacional opera bajo un esquema de impunidad sistémica, tolerado por múltiples gobiernos. Lo que Noruega llama “riesgo inaceptable” ha sido, en México, un costo asumido —incluso normalizado— en la gestión pública.
¿CUÁL ES EL VERDADERO IMPACTO?
La decisión del Fondo Noruego deja en claro que la corrupción institucional no es un asunto interno. Tiene consecuencias globales, financieras y de reputación. Pemex no solo ha perdido una inversión: ha perdido credibilidad. Y México, si no toma medidas estructurales, podría seguir pagando un precio mucho más alto.
Síguenos en @LaNotaDeMexico







