LANOTA.- Eran cerca de las tres de la tarde del 13 de mayo cuando Valeria Márquez, influencer y emprendedora de Zapopan, transmitía como tantas veces desde su salón de belleza. La cámara del celular capturaba una escena cotidiana: luces encendidas, música de fondo, un ambiente de estética juvenil y relajado… hasta que irrumpió la violencia. En segundos, el video se convirtió en evidencia de un feminicidio, y también en el detonante de un fenómeno mediático que aún no se apaga.
El ataque, grabado en vivo, provocó horror. Pero pronto, ese horror se desvió del crimen en sí hacia algo más inmediato y visceral: la búsqueda de un culpable en el entorno cercano. Y así, de entre el dolor, surgió un nombre: Vivian de la Torre.
UNA AMISTAD MARCADA POR CONFLICTOS
Vivian no era una desconocida. Era amiga de Valeria, compañera frecuente en videos, transmisiones y publicaciones en TikTok. La amistad entre ambas, sin embargo, no era perfecta. Un clip resurgido mostraba a las jóvenes reconociéndose como “némesis”: amigas y enemigas al mismo tiempo. “Ni parece que hace unos meses estábamos peleadas a muerte”, decía una frase que hoy resuena como presagio.
Las redes hicieron el resto. Se dijo que Vivian había insistido en que Valeria permaneciera en la estética el día del ataque. Que le mandó un peluche minutos antes. Que quizá sabía algo. Nada de eso ha sido confirmado por la Fiscalía del Estado de Jalisco, que asegura que la investigación continúa y que no hay ninguna persona formalmente imputada por el feminicidio. El caso está clasificado como feminicidio y se sigue bajo perspectiva de género.
Pero el juicio digital ya se dictó. En redes, Vivian pasó de ser amiga a sospechosa informal. Cada video, cada palabra, cada gesto del pasado fue reinterpretado bajo una lupa de sospecha. ¿Era su sonrisa sincera? ¿Qué significaba realmente esa charla sobre “némesis”? ¿Un juego adolescente o una advertencia ignorada?
LA RESPUESTA DE VIVIAN Y UNA INVESTIGACIÓN ABIERTA
Ante la tormenta, Vivian rompió el silencio: “Vale era como una hermana para mí. No hablen desde el morbo”. Negó cualquier implicación. Lamentó el dolor. Defendió su duelo y su inocencia. Explicó que los regalos eran parte habitual de las transmisiones en vivo, y que jamás habría imaginado lo que sucedió ese día.
Y entonces la historia se bifurca:
De un lado, la tragedia de una joven asesinada, cuya vida fue apagada en plena transmisión ante una audiencia impotente. Del otro, una joven señalada sin pruebas, atrapada en un juicio paralelo donde las emociones pesan más que la evidencia.
- Dijo ‘nunca’ ante la FGR y se entregó a EU: La silenciosa capitulación de Marco Antonio Almanza
- El general que callaba en Culiacán hablará en Manhattan: Comienza la pasarela del caso Rocha Moya
- El tercer cerdito de la muerte: El enigmático peluche rosa que vuelve a firmar un homicidio en Culiacán
- Estigma del narco congela subasta del INDEP: nadie quiere propiedades de ‘El Mencho’ y ‘El Mochomo’
- Zapatos Ferragamo: El fetiche que obsesiona a ‘nuevos ricos’ de la clase política mexicana
Lo que queda es un país donde las mujeres son asesinadas todos los días y las respuestas tardan, mientras el morbo se impone al debido proceso. Donde los vínculos femeninos, cuando se fracturan o complican, se convierten en material de sospecha más que de compasión.
La Fiscalía ha prometido seguir investigando. Mientras tanto, entre los silencios del expediente y los gritos de las redes, la historia de Valeria y Vivian se ha convertido en espejo de muchas otras: de amistad, de miedo, de juicios anticipados y de justicia que aún no llega.
Síguenos en @LaNotaDeMexico







