LANOTA.– El nombre de Marilyn Cote se convirtió en sinónimo de polémica en Puebla desde que fue descubierta como falsa psiquiatra. Sin estudios médicos y sin cédula profesional, atendía a pacientes desesperados, prometiéndoles “curas milagrosas en siete días” para problemas como depresión, ansiedad y hasta adicciones. Pero su fachada se derrumbó en noviembre de 2024, cuando las autoridades irrumpieron en su consultorio y hallaron documentos falsificados, entre ellos una licencia de conducir italiana.
Desde entonces, el caso no ha dejado de alimentar el morbo: ¿quién es en realidad Marilyn Cote? ¿Una impostora calculadora, una mujer que supo manipular la fe de la gente, o una víctima de su propia mentira?
DE CONSULTORIOS CLANDESTINOS A LOS MUROS DEL PENAL
Tras su detención, Cote fue trasladada al penal femenil de Ciudad Serdán, donde se esperaba que su destino fuera el aislamiento y el olvido. Sin embargo, ocurrió lo inesperado: la mujer que se disfrazó de doctora ahora se viste de guía espiritual.
De acuerdo con reportes de medios locales, Cote ha asumido un papel central en la vida religiosa de la prisión. Participa en rezos colectivos, lidera grupos de catecismo y se ha convertido en una especie de referente moral para muchas internas. De usurpar la bata blanca pasó al rol de “pastora” carcelaria.
PACIENTES ENGAÑADOS Y UNA MARCHA DESESPERADA
Fuera de la cárcel, los estragos de su engaño continúan. Decenas de pacientes aseguran haber sido víctimas de diagnósticos inventados y recetas que pusieron en riesgo su salud. Algunos incluso denuncian secuelas irreversibles por consumir medicamentos que ella les recetó sin autorización legal.
En enero de 2025, un grupo de afectados salió a las calles de Cholula en una marcha con pancartas que decían: “Cote nos enfermó más”, “Queremos justicia” y “No más privilegios a la falsa doctora”. La protesta reflejó no solo el dolor de quienes cayeron en sus manos, sino también la desconfianza hacia un sistema judicial que, según los manifestantes, parece favorecerla.
EL ENREDO JUDICIAL: DELITOS Y ESTRATEGIAS
En términos legales, la situación de Cote es tan complicada como polémica. Acumula siete vinculaciones a proceso: cinco por usurpación de funciones y dos por amenazas. Y las autoridades ya analizan sumarle delitos contra la salud, debido al suministro irregular de psicotrópicos.
Pero la defensa de Cote no se queda de brazos cruzados. Su equipo legal busca fusionar los procesos en uno solo, lo que reduciría considerablemente su sentencia. Además, han puesto sobre la mesa la posibilidad de “reparar el daño” a los pacientes, una estrategia que, de prosperar, podría abrirle las puertas a un arraigo domiciliario en lugar de permanecer en prisión.
UNA MUJER RODEADA DE SOMBRAS
El caso de Marilyn Cote está lleno de misterios sin resolver:
- Su edad real: mientras ella afirma tener 45 años, hay documentos que indican que podría superar los 60.
- Su nacionalidad: asegura ser mexicana, pero con papeles falsos se presentó como italiana.
- Sus contactos: versiones extraoficiales sugieren que contó con protección de autoridades locales para operar durante meses sin ser detenida.
Estas inconsistencias alimentan la percepción de que Cote nunca fue una farsante cualquiera, sino alguien con conexiones y apoyos en las sombras.
DE IMPROVISADA PSIQUIATRA A “SANTA” DEL PENAL
En el penal de Ciudad Serdán, su transformación ha dividido a las internas. Algunas aseguran que su carisma y facilidad de palabra la hacen parecer una pastora. Otras, en cambio, la ven como una oportunista que “ahora juega a ser santa” para ganar beneficios y mejorar su situación legal.
Lo cierto es que su figura sigue generando poder, influencia y polémica. Afuera, pacientes exigen justicia; adentro, reclusas la siguen en rezos diarios. Y mientras tanto, su proceso judicial avanza con el riesgo de convertirse en un caso más donde los privilegios se imponen sobre las víctimas.
UN CASO QUE NO SE CIERRA
La historia de Marilyn Cote es la de una mujer que construyó su vida sobre mentiras, papeles falsos y falsas promesas de sanación, y que ahora pretende reinventarse bajo el manto de la fe. De doctora sin cédula a guía espiritual, su caso sigue exhibiendo las grietas de un sistema que parece incapaz de frenar los abusos ni dentro ni fuera de prisión
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