LANOTA.– “¿Perdón? Dicen que nosotros encubrimos el huachicol fiscal, si las denuncias se hicieron desde la propia Marina”, dijo este miércoles Claudia Sheinbaum en la mañanera, con ese tono de incredulidad que suele reservar para cuando la realidad contradice al discurso.
El problema es que mientras la presidenta jura que su gobierno no tolera a nadie, los principales involucrados en el escándalo del huachicol fiscal parecen estar jugando a las escondidas con el nuevo Poder Judicial… y ganando.
EL CONTRALMIRANTE INTOCABLE
Fernando Farías Laguna, contraalmirante de la Marina, señalado como presunto líder de una red que ordeñaba no ductos, sino aduanas completas, consiguió un pase dorado cortesía de la jueza Emma Cristina Carlos Ávalos.
La juzgadora le otorgó la suspensión provisional en el juicio de amparo 813/2025, garantizándole que, aunque asista a su audiencia de imputación, nadie podrá ponerle un dedo encima. Ni prisión preventiva, ni esposas, ni riesgo de ver el Altiplano… al menos por ahora.
En otras palabras, Farías Laguna irá al juzgado como quien va a una cita de negocios: tranquilo, blindado y con abogado en mano.
EL JUEGO DE LA FAMILIA
La historia adquiere tintes de novela cuando se recuerda que el vicealmirante Manuel Roberto Farías Laguna, hermano del contraalmirante amparado, ya fue procesado por delincuencia organizada y se encuentra recluido en el penal del Altiplano.
Él también busca el mismo pase mágico: promovió un amparo alegando irregularidades en su proceso.
Ambos forman parte de un expediente donde la FGR señala que la red operaba con puertos clave como Tampico, Altamira, Guaymas y Ensenada, y donde ya hay nueve detenidos. Pero el detalle no menor es que Fernando Farías es, además, sobrino del exsecretario de Marina, Rafael Ojeda.
LA JUSTICIA SELECTIVA
Así que mientras Sheinbaum insiste en que “las denuncias nacieron desde la Marina” —como si eso desinfectara el escándalo—, la realidad dicta otra cosa:
- Los cabecillas siguen amparados o prófugos.
- El Poder Judicial inaugura con honores su era “renovada” con suspensiones a medida.
- Y el discurso presidencial pretende convencer de que todo marcha en orden.
Si esto no es encubrimiento, al menos es una extraordinaria coreografía: denuncias que no tocan a nadie y amparos que blindan a todos.
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