“¡All aboard!”: Ozzy Osbourne se despide en un último viaje a bordo del Crazy Train

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Ozzy Osbuourne tomó su Crazy Train.

LANOTA.La noticia cayó como un relámpago: Ozzy Osbourne ha muerto. Atrás quedan los excesos, los escándalos, las giras demenciales y el reality show que convirtió a su caótica familia en mito. Pero lo que permanece es esa voz rasgada que gritaba desde las entrañas de Birmingham, una furia que cambió el sonido del mundo.

Crazy Train —ese himno que mezcla riffs afilados con locura controlada— volvió a sonar en todo el mundo cuando se supo la noticia. Era la canción perfecta para una despedida: “I’m going off the rails on a crazy train” retumbó como epitafio, como promesa, como legado. La locomotora se apagó, pero dejó una estela de distorsión que resonará por generaciones.

UNA VIDA ENTRE SOMBRAS Y LUZ

Nacido en 1948 en una Inglaterra postguerra, John Michael Osbourne encontró en el ruido un refugio. Fue ladrón, presidiario, marginado… y luego, dios pagano del heavy metal. Su alianza con Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward parió algo más que una banda: Black Sabbath inventó un sonido, un lenguaje, una oscuridad que iluminó a miles.

Pero Ozzy no era sólo oscuridad. También era ternura estruendosa, humor ácido, un sobreviviente que burló a la muerte una y otra vez. El parkinson lo fue apagando lentamente, pero él seguía ahí, encendido, gritando desde el escenario, aunque fuera por última vez, hace apenas unos días.

UN ADIÓS EN FAMILIA, ENTRE AULLIDOS Y CARIÑO

La familia confirmó que Ozzy murió rodeado de cariño y acompañado, como pocas veces se imaginó que partiría el Príncipe de las Tinieblas. En silencio, con amor. No en el infierno de los excesos, sino en la calma después de la tormenta.

Sharon, Kelly, Jack, Aimee y Louis pidieron privacidad. Pero también sabían que Ozzy ya no les pertenecía solo a ellos. Era del mundo. De cada adolescente que se pintó los ojos, de cada guitarrista que aprendió los riffs de “Iron Man”, de cada alma perdida que encontró en su locura una forma de resistencia.

OZZY FUE MÁS QUE UN CANTANTE

Fue un símbolo. De caos, de reinvención, de libertad absoluta. Se reinventó tras ser expulsado de Sabbath, lanzó discos inmortales, y volvió a nacer en los 2000 como estrella de reality show, con su andar errático y su corazón gigante.

Y ahora, nos deja. Pero también nos lleva. En ese tren desquiciado que no se detiene nunca. En el grito de cada fan que alguna vez encontró sentido en el desorden. En cada estadio donde el eco de su voz aún vibra.

Ozzy no se fue. Tomó el tren. Y nos espera en la próxima estación del caos.

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