LANOTA.– La noche parecía tranquila en Bachigualato, ese barrio del poniente de Culiacán que huele a tierra húmeda y diésel, donde el rugido de los tráileres suele confundirse con los ecos de los disparos lejanos. Pero poco después de las tres de la madrugada, el silencio se quebró.
Una ráfaga de metralla irrumpió sobre la Calzada Aeropuerto, a la altura de las calles Federico Gamboa y Victoriano Álvarez. Los faros de una camioneta Mitsubishi blanca quedaron encendidos, apuntando hacia la nada. Dentro, los cuerpos se estremecían entre el humo y el polvo.
Policías Estatales y Guardia Nacional se Agarran A Balazos ENTRE ELLOS, en #Culiacán lo curioso es, TODOS IBAN DE CIVILES Y ARMADOS, EN VEHÍCULOS CIVILES. El pol-estatal d Sinaloa Jesús Enrique d 23 años falleció, y los elementos lesionados de GN Jessica y Juan al parecer esposos pic.twitter.com/YVRKoJjNmv
— #GilerChannel (@GilerChannel) October 10, 2025
Al principio, los radios estallaron con versiones encontradas: que había sido un enfrentamiento entre corporaciones, que policías estatales y elementos de la Guardia Nacional habían confundido sus convoyes. Pero la versión oficial llegó horas después para intentar poner orden en el caos.
UNA ESCENA SELLADA POR EL MIEDO
El agente estatal Jesús Enrique “N”, de apenas 23 años, fue el primero en caer. Sus compañeros lo llevaron con urgencia a una clínica privada, donde murió mientras intentaban estabilizarlo.
Dos integrantes de la Guardia Nacional, Juan “N” y Jessica “N”, resultaron heridos. No eran parte del ataque, insistieron las autoridades, sino “víctimas ajenas” atrapadas en el fuego cruzado.
La escena fue acordonada rápidamente. Marina, Ejército, Guardia Nacional y Policía Estatal desplegaron un operativo que bloqueó la circulación en la calzada. Los casquillos brillaban bajo las luces estroboscópicas de las patrullas; las sirenas se mezclaban con el murmullo de los vecinos que, desde detrás de las cortinas, intentaban descifrar qué había pasado.
LA VERSIÓN OFICIAL
Horas más tarde, la Secretaría de Seguridad Pública del Estado (SSPE) emitió un comunicado:
“Este viernes 10 de octubre se suscitó un hecho de seguridad sobre la calzada Aeropuerto, a la altura de la colonia Bachigualato, en la ciudad de Culiacán, Sinaloa, donde resultó un policía estatal fallecido y, además, dos elementos de la Guardia Nacional que se trasladaban en un vehículo particular resultaron lesionados como víctimas ajenas a los hechos.”
Sin embargo, la versión no despejó las dudas. ¿Quién disparó primero? ¿Qué motivó el ataque? ¿A quién perseguían los agresores? Las preguntas siguen flotando en el aire como el olor a pólvora.
UN EPISODIO MÁS EN EL TABLERO SINALOENSE
Bachigualato, con su aeropuerto cercano y sus amplias avenidas industriales, ha sido escenario frecuente de enfrentamientos entre fuerzas del orden y células criminales. La madrugada del viernes volvió a recordarle a Culiacán que la calma en Sinaloa es frágil, apenas un espejismo sostenido por el miedo.
En un estado donde la presencia del crimen organizado y las operaciones militares conviven a diario, cada ráfaga parece parte de una guerra que nunca termina.
Una guerra donde incluso los que patrullan con uniforme pueden convertirse, de pronto, en blanco o en víctima.
La Secretaría de Seguridad Pública de Sinaloa no ha ofrecido más detalles sobre el caso ni sobre las líneas de investigación abiertas.
Sólo se sabe que una madrugada más en Culiacán terminó con un policía muerto, dos heridos y demasiadas preguntas sin respuesta.
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