El “impuesto criminal” de dos pesos por kilo que estrangula a la industria del aguacate

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Imágenes de los daños ocasionados por el temblor de 7.4 en Colombia.

7/08/2026

LANOTA.MX. La rentabilidad del negocio agroindustrial en el occidente mexicano ha alcanzado dimensiones financieras alarmantes, pero no solo para el comercio legal.

Por cada kilogramo de aguacate que se cosecha y distribuye desde el estado de Michoacán, las células del crimen organizado imponen un cobro forzoso de entre uno y dos pesos.

Aunque la cifra representa una deducción aparentemente menor dentro del margen unitario de comercialización, el volumen total de la producción michoacana —que supera los 5,400 millones de kilogramos al año— transforma este cobro de piso en uno de los flujos de financiamiento ilícito más voluminosos y prósperos del país.

MILLONARIAS GANANCIAS PARA EL CRIMEN ORGANIZADO

La magnitud del quebranto económico provocado por este “impuesto criminal” fue formalmente documentada el 5 de agosto de 2026 durante una presentación institucional del gobierno michoacano.

En dicho informe, la Fiscalía General del Estado (FGE) reveló que solo dos operadores de alto nivel pertenecientes al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) captaban de manera conjunta hasta 10,800 millones de pesos anuales únicamente por concepto de extorsiones aplicadas a los sectores aguacatero y citrícola.

Estos montos se enmarcan en un balance más amplio presentado por la fiscalía estatal al exponer los expedientes de nueve cabecillas delictivos aprehendidos en el periodo comprendido entre julio de 2025 y agosto de 2026.

Según las estimaciones oficiales de la FGE, el despliegue delictivo de estos nueve objetivos prioritarios extraía de forma combinada cerca de 28,000 millones de pesos anuales a través del amedrentamiento a productores, transportistas y distribuidores de diversos insumos, encabezando la lista el codiciado fruto verde.

Durante la comparecencia ante los medios, el encargado de despacho de la FGE, Israel Vega Rodríguez, detalló la estructura operativa de los principales generadores de violencia en la franja agrícola.

Entre ellos situó a Jorge Armando “N”, alias “El Lic” o “El Conta”, operador del CJNG e implicado intelectual en el atentado contra el alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, quien mantenía una cuota fija de dos pesos por kilo de aguacate comercializado.

Asimismo, la representación social identificó a Gerardo “N”, conocido en la estructura criminal como “El Congo”, “El Gordo” o “King Kong”, como el responsable de consolidar una recaudación ilegal de entre 7,200 y 10,800 millones de pesos al año.

Su radio de influencia abarcaba la supervisión de cobros al sector agropecuario en la zona estratégica de Uruapan y en diversos sectores del municipio de Apatzingán.

LA EXPANSIÓN DEL MERCADO Y EL INTERÉS CRIMINAL

El perfeccionamiento de estos esquemas de extracción financiera no se produjo de forma aislada, sino que fue propiciado por la acelerada bonanza económica del sector agrícola.

La sostenida demanda internacional convirtió a la franja frutícola en un objetivo estratégico prioritario para las organizaciones delictivas que buscaban diversificar sus fuentes de ingresos.

Las métricas del sector reflejan una transformación radical en las últimas tres décadas: entre 1994 y 2022, la superficie destinada al cultivo de aguacate en México experimentó un incremento del 173%, superando las 252,000 hectáreas.

De manera paralela, el valor de la producción agrícola total se elevó un 527%, alcanzando más de 63,000 millones de pesos (equivalentes a 3,105 millones de dólares), de acuerdo con investigaciones de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional (GITOC).

Este incremento productivo cobró un impulso decisivo a partir de 1997 con la apertura del mercado estadounidense al aguacate mexicano en el marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Para el ciclo 2026, las proyecciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) anticipaban un máximo histórico con el envío proyectado de 1.2 millones de toneladas métricas hacia el vecino del norte.

Sin embargo, el dinamismo exportador sufrió un freno brusco a principios de agosto de 2026.

Tras registrarse incidentes de inseguridad en la franja productora, la Embajada de Estados Unidos en México emitió una alerta oficial y suspendió las actividades de campo de sus inspectores del USDA-APHIS, bloqueando temporalmente la certificación indispensable para que el producto cruce la frontera.

EVOLUCIÓN HISTÓRICA: DE LA COOPERACIÓN AL SISTEMA EN CASCADA

La penetración del crimen organizado en la industria del aguacate acumula más de dos décadas de transformaciones.

A principios de los años 2000, la organización de Los Zetas comenzó a realizar los primeros cobros arbitrarios a agricultores en la región, sentando un antecedente de extorsión directa que posteriormente sería formalizado por otros grupos armados, de acuerdo con análisis de InSight Crime.

Hacia el año 2009, La Familia Michoacana institucionalizó el mecanismo de cobro al convocar a propietarios de huertas superiores a cinco hectáreas para imponerles una cuota bajo el argumento de brindarles “protección” frente a incursiones rivales.

Con el paso del tiempo, la supuesta contribución voluntaria se transformó en una exigencia sistemática sustentada en el uso de la fuerza.

Posteriormente, Los Caballeros Templarios profundizaron el control burocrático sobre la industria.

Hacia 2012, esta estructura criminal cobraba aproximadamente 2,000 pesos por cada hectárea registrada, lo que sobre una base productiva de más de 112,000 hectáreas en Michoacán les garantizaba ingresos superiores a los 225 millones de pesos anuales, según las estimaciones tabuladas por GITOC.

La transición crítica en el modelo de negocio ilegal ocurrió al modificar el parámetro de cobro: los cárteles abandonaron la medición basada en el acaparamiento de tierra para imponer cuotas fijas por kilogramo cosechado y exportado, garantizando un flujo constante de capital en cada etapa de la cadena de valor.

EL COBRO EN CASCADA SOBRE TODA LA CADENA LOGÍSTICA

En la actualidad, las autoridades federales y la Secretaría de la Defensa Nacional reconocen la presencia de al menos seis organizaciones delictivas disputándose las zonas de cultivo en Michoacán: el CJNG, Los Viagras, Los Blancos de Troya, el grupo Independiente La Quiringua, los Caballeros Templarios y La Familia Michoacana.

El acoso financiero no concluye con la cosecha en el campo, sino que se extiende en cascada a lo largo del proceso logístico.

Mandos delictivos como Jorge Alberto “N”, alias “La Galleta” (asociado a Los Caballeros Templarios), exigían cuotas de hasta 7,000 pesos por cada camión de 12 toneladas que trasladaba fruta, sumado a cobros semanales de hasta 96,000 pesos a comerciantes en municipios como Pátzcuaro.

De forma simultánea, figuras operativas como César Alejandro “N”, alias “El Botox”, líder de Los Blancos de Troya, extraían miles de millones de pesos mediante la extorsión sistemática a múltiples sectores económicos en Tierra Caliente, abarcando desde los productores de limón hasta la distribución de productos de la canasta básica.

DESPOJO TERRITORIAL Y COLAPSO DE LAS AUTODEFENSAS

Más allá del gravamen económico, las organizaciones armadas han avanzado hacia el despojo directo de la propiedad rural.

Diversos estudios de campo señalan que células criminales recurren al desplazamiento forzado de comunidades para apropiarse de tierras ejidales y reservas forestales, convirtiéndolas de manera ilegal en huertas de aguacate bajo su control absoluto.

Especialistas e investigadores del fenómeno delictivo indican que el acoso constante, las amenazas de muerte y la imposibilidad de cubrir las cuotas obligan a pequeños productores a abandonar sus parcelas.

Esta dinámica de abandono permite a los grupos armados asumir el dominio directo de la producción, eliminando la intermediación del cobro de cuota para convertirse en los administradores directos de los beneficios del cultivo.

SILENCIO, VIOLENCIA Y EL CONTROL DE LA FRANJA AGUACATERA

Frente a la presión de los cárteles, en 2014 surgieron grupos de autodefensa integrados por agricultores y pobladores en municipios como Tancítaro, Uruapan y Ario de Rosales.

Aunque en sus etapas iniciales estos levantamientos civiles lograron contener de manera parcial las extorsiones en varios valles productivos, con el paso de los años la iniciativa ciudadana sufrió procesos de cooptación e infiltración por parte de grupos delictivos rivales.

Actualmente, los principales municipios del cinturón aguacatero —como Uruapan, Taretan, Ziracuaretiro, Tancítaro y Nuevo Parangaricutiro— continúan operando bajo esquemas de extorsión donde las células armadas dictan las condiciones comerciales para el corte, empaque y transportación de la fruta.

Quienes han intentado oponerse o denunciar estas dinámicas han enfrentado represalias mortales, como ocurrió en octubre de 2025 con el asesinato del dirigente citrícola Bernardo Bravo Manríquez tras hacer públicas las extorsiones en el Valle de Apatzingán.

PUNTOS CLAVE

  • Magnitud del despojo económico: El cobro criminal de entre uno y dos pesos por kilo de aguacate en Michoacán genera miles de millones de pesos anuales para el crimen organizado, encabezando la lista de productos extorsionados en el estado.
  • Captura de rentas por el CJNG: La Fiscalía General de Michoacán reveló que solo dos operadores del CJNG acumulaban hasta 10,800 millones de pesos al año por extorsionar a los sectores aguacatero y citrícola.
  • Suspensión de certificaciones de EEUU: Tras el incremento de incidentes de inseguridad en agosto de 2026, la Embajada de Estados Unidos suspendió temporalmente las inspecciones del USDA-APHIS en Michoacán, paralizando los embarques de exportación.
  • Evolución del modelo de extorsión: La estructura criminal migró de cobrar cuotas fijas por hectárea (modelo iniciado por Los Zetas y Los Caballeros Templarios) a imponer un gravamen por kilo cosechado y transportado, afectando a productores, choferes y empacadoras.
  • Despojo de tierras y represalias: El fenómeno de la extorsión ha derivado en el desplazamiento forzado de agricultores, la apropiación ilegal de huertas por parte de los cárteles y represalias fatales contra los líderes agropecuarios que denuncian el cobro de piso.

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