“Estuvimos a punto de perderla”, familia habla de Valentina Gilabert tras 14 puñaladas

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Valentina Gilabert.

LANOTA.MX. – El 5 de febrero, la vida de Valentina Gilabert cambió en un instante. En un acto de violencia brutal, su cuerpo fue atravesado por 14 puñaladas que la dejaron al borde de la muerte. En terapia intensiva, entre luces frías de hospital y el sonido incesante de monitores, su destino pendía de un hilo.

Los médicos luchaban por mantenerla con vida, su familia apenas podía respirar entre la angustia y la incertidumbre. “Estuvimos a nada de perderla”, dirían después con la voz entrecortada. Pero Valentina, con una fortaleza que desafía cualquier pronóstico, se aferró a la vida.

DÍAS DE ANGUSTIA Y ESPERANZA

Fueron 13 días de batalla. En cada gota de sangre donada, en cada oración, en cada mensaje de aliento, se tejía la red de apoyo que la sostuvo en los momentos más oscuros. “El 80% de los pacientes que llegan a urgencias en este estado de gravedad no sobrevive. Dicho por los médicos. Tuvo suerte de ser joven con buena salud”, explicó su familia.

Mientras Valentina luchaba por su vida, el país seguía con atención cada actualización sobre su estado. La sospechosa, Marianne “N”, una influencer señalada por presuntos celos, ya estaba en la mira de las autoridades. Pero en esos días, lo único que importaba era que Valentina resistiera.

Y lo hizo. “Valentina es un milagro. No hay otra palabra”, escribieron sus familiares.

EL REGRESO A CASA: UNA NUEVA BATALLA POR DELANTE

El 18 de febrero, contra todo pronóstico, el hospital dejó de ser su hogar. Valentina volvió a respirar el aire de la calle, a sentir el sol sobre la piel. Aún con el cuerpo marcado por la violencia, con heridas que tardarán en sanar, ella cruzó la puerta que, días atrás, parecía inalcanzable.

“Gracias a quienes estuvieron al pendiente de mí y de mi salud, a los doctores que me ayudaron a salir adelante y a todas las personas que donaron sangre”, escribió con gratitud. “Me siento mejor y confiada de que todo va a salir bien”.

Pero su familia advierte: “Aunque por fuera se vea ‘bien’, tiene que sanar por dentro física y emocionalmente. Le falta mucha rehabilitación y terapias. Aquí no acaba la lucha”.

Valentina ha ganado una batalla, pero su guerra aún no termina. Su historia es la de una superviviente, una joven que desafió el destino con valentía. Hoy, su nombre ya no es solo el de una víctima, sino el de una mujer que, contra todo, sigue en pie.

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