LANOTA.– La ciudad costera que alguna vez vibraba con turistas y comerciantes prosperando, hoy resuena con el silencio de locales cerrados y calles que lucen vacías a tres meses de que termine el año. La violencia del crimen organizado ha dejado cicatrices profundas en la economía local, obligando a empresarios y comerciantes a tomar decisiones extremas para proteger su patrimonio y su seguridad.
Francisca de Jesús Cázarez Olivares, dirigente de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios Turísticos de Mazatlán, admite con pesar que numerosos negocios han bajado la cortina de manera definitiva. La migración de empresarios hacia lugares más seguros, como Durango, se ha convertido en una tendencia preocupante, que refleja el temor que la inseguridad genera entre quienes sostienen la economía local.
En Sinaloa, los negocios están bajando sus cortinas y otros se están yendo a Durango por la violencia, aseguró la presidenta de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Mazatlán, Francisca de Jesús Cázarez Olivares. #NoticieroNoroeste #Noroeste #Noticiero… pic.twitter.com/BNSgazSR0H
— Noroeste (@noroestemx) September 30, 2025
LA LUCHA POR SOBREVIVIR EN MEDIO DE LA INSEGURIDAD
“Algunos seguimos aguantando esperando los mejores tiempos… siempre decimos ‘a ver si repuntan en vacaciones’ y ahora ya vamos por el Buen Fin y las ventas decembrinas”, comenta Cázarez, mostrando la incertidumbre que enfrentan los comerciantes. Los pagos fiscales, las rentas y las extorsiones del crimen organizado se han convertido en un peso casi insoportable, debilitando aún más la actividad económica.
El mes de septiembre, además, resultó atípico para el comercio local. La extensión de las vacaciones escolares retrasó las compras de útiles, afectando el flujo de ventas y las expectativas de repunte económico, un factor que golpea a los negocios que ya lidian con la presión de la inseguridad.
EVENTOS EMBLEMÁTICOS QUE SUFREN LA INSEGURIDAD
Incluso eventos históricos, como la expo comercial organizada por la Cámara de Comercio, han visto reducido su alcance. La lenta venta de espacios para expositores refleja un mercado que se contrae ante la incertidumbre y el miedo, un contraste doloroso con las ediciones anteriores que celebraban la prosperidad local.
UNA CIUDAD QUE SE VACÍA
Aunque no existen cifras exactas, el impacto es visible: Mazatlán muestra sus calles con una actividad comercial disminuida, y los ecos de locales cerrados se suman al lamento de empresarios que ven su esfuerzo y sueños truncados. La violencia no solo golpea a quienes pierden su inversión, sino a toda la comunidad que depende de un comercio vibrante para vivir.
Cázarez concluye con una frase que resume la realidad que viven los mazatlecos: “No me quiero dar a la tarea de contarlos porque es más triste decir han bajado la cortina y son tantos… ustedes pueden ver por la ciudad y se van a dar cuenta”. La ciudad, que alguna vez fue símbolo de prosperidad y turismo, hoy enfrenta un éxodo silencioso de quienes mantenían su corazón económico latiendo.
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