Increíble pero cierto: el patriarca del Cártel de Sinaloa pide frenar la violencia

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El Mayo Zambada pidió parar la guerra interna del Cártel de Sinaloa.

LANOTA. El histórico líder del Cártel de Sinaloa, Ismael “El Mayo” Zambada, rompió el silencio en un escenario inesperado: la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York. 

Allí, tras declararse culpable de liderar durante más de cuatro décadas una empresa criminal dedicada al tráfico de drogas, el capo lanzó un mensaje que resonó con fuerza tanto en México como en Estados Unidos: puso sobre la mesa un llamado a detener la guerra sangrienta que mantiene dividida a la organización criminal más poderosa del país.

“Él hace un llamado al pueblo de Sinaloa para que mantenga la calma, ejerza moderación y evite la violencia. Nada se gana con el derramamiento de sangre; solo profundiza las heridas y prolonga el sufrimiento”, se lee en un documento presentado por su defensa, filtrado a medios internacionales.

Se trató de un gesto inesperado en un proceso judicial donde se esperaba únicamente la confesión de delitos, pero que terminó convirtiéndose en un acto político-criminal: El Mayo pidió que las facciones en pugna —Los Mayos y Los Chapitos— cesen la confrontación que ha teñido de sangre al noroeste mexicano.

LA DECLARACIÓN DE CULPABILIDAD

El pasado 25 de agosto de 2025, Zambada se presentó ante el juez Brian Cogan en Brooklyn. Durante cinco minutos relató su trayectoria criminal:
“Durante 50 años he dirigido una gran organización”, admitió con voz firme. También pidió perdón por las vidas afectadas por el narcotráfico, aunque su abogado, Frank Pérez, aclaró que no existe acuerdo de cooperación con el gobierno de Estados Unidos y que no revelará nombres de políticos, policías o militares mexicanos sobornados.

Para la Fiscalía de Nueva York, encabezada por Joseph Nocella Jr., la audiencia fue histórica: “La caída de Zambada muestra que ningún capo está por encima de la justicia”, dijo, al tiempo que agradeció la colaboración de agencias como la DEA, el FBI y el Departamento de Seguridad Nacional.

REACCIONES Y ARREPENTIMIENTOS

El eco político en México fue inmediato. La presidenta Claudia Sheinbaum declaró que si existieran pruebas de sobornos a funcionarios mexicanos “tendrían que presentarse denuncias”. Al mismo tiempo, analistas como Héctor de Mauleón advirtieron que “esto apenas comienza”, pues la confesión de El Mayo podría detonar una ola de reacomodos dentro del crimen organizado.

La fiscal general de Estados Unidos, Pamela Bondi, calificó al sinaloense como un “narco-terrorista internacional” y sostuvo que su captura judicial simboliza “una victoria histórica contra el crimen”. El administrador de la DEA, Terrance Cole, subrayó que cada operación encubierta y cada escucha telefónica que permitió llegar a este momento fue realizada “por justicia para las familias que han sufrido la violencia del Cártel de Sinaloa”.

EL FIN DE UNA ERA

Más allá de la formalidad de su confesión, lo que quedó claro es que El Mayo intentó poner un punto final a su legado criminal no solo en los tribunales, sino en el campo de batalla de su propio cártel. Un mensaje de paz que, paradójicamente, surge del hombre que durante medio siglo diseñó rutas, sobornó autoridades y alimentó la maquinaria de la violencia en México.

El futuro de Sinaloa, y de su organización, se escribirá a partir de ahora en dos frentes: en los pasillos judiciales de Brooklyn y en las calles del noroeste mexicano, donde la pregunta es si los clanes enfrentados escucharán la voz del viejo patriarca.

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