LANOTA.- En Culiacán, la noche ya no trae descanso. Por segunda jornada consecutiva, el rugido de armas largas volvió a quebrar la quietud. Como si el crimen organizado quisiera dejar claro quién manda, dos comandantes policiacos fueron ejecutados en menos de 48 horas, en escenarios distintos pero con un mismo mensaje: la muerte acecha a quien porta uniforme.
PERSECUCIÓN LETAL: ASÍ MATARON AL COMANDANTE RICHARD
Miércoles 16 de julio. Cae la noche sobre el sur de la ciudad. En el bulevar Manuel J. Clouthier, frente a una plaza comercial iluminada y una sucursal bancaria aún abierta, una camioneta Ford Ranger roja avanza a toda prisa, en sentido contrario. Dentro va Ricardo Heleno Sánchez Quintero, “el comandante Richard”, intentando huir de sus perseguidores.
No lo logra. Lo alcanzan las balas. Más de 30 detonaciones retumban en la zona, según un video que pronto se viraliza en redes. El vehículo queda con las llantas reventadas, aún encendido, con el cuerpo del comandante inerte en el asiento. Tenía 11 años en la corporación municipal y comandaba el grupo motorizado desde el Parque 87. Aquella noche estaba fuera de servicio, pero la muerte no distingue horarios.
Agentes estatales y federales acordonan la escena. La Fiscalía dice que ya investiga. No hay detenidos.
EL DÍA ANTERIOR: LA EMBOSCADA CONTRA “NITRO”
Un día antes, el martes 15 de julio, fue asesinado otro mando: Cristóbal David, mejor conocido como “el comandante Nitro”, elemento del Grupo Élite de la Policía Estatal Preventiva. Lo atacaron a plena luz del día, alrededor de la 1:30 de la tarde, cuando circulaba sobre el bulevar Pedro Infante, cerca de la colonia Country Club.
Nitro iba en una camioneta Volkswagen Tiguan, acompañado de su esposa, Gabriela Elizabeth —quien resultó herida— y otro agente. La emboscada fue certera y sin oportunidad de reacción. La zona, cercana a oficinas de la Secretaría de Educación, se llenó de patrullas tras el ataque, pero tampoco hubo detenidos.
UN ESTADO BAJO ASEDIO: 44 POLICÍAS ASESINADOS
Las dos ejecuciones no son hechos aislados. En los últimos 10 meses, 44 policías han sido asesinados en Sinaloa, según datos recopilados por medios locales. La mayoría, emboscados. Varios, como Richard y Nitro, ejecutados en espacios públicos, en presencia de civiles o incluso familiares.
La violencia selectiva contra mandos de seguridad parece seguir una lógica de castigo, control y mensaje. Cada cuerpo es una advertencia. Cada silencio oficial, una concesión.
Mientras tanto, en Culiacán, la ciudadanía vuelve a caminar entre patrullas blindadas, noticias rojas y ráfagas nocturnas. La normalidad, como tantas veces en esta ciudad, es el eco de un crimen que no cesa.
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