LANOTA.- En una sala federal, sin aspavientos ni resistencia, Ovidio Guzmán López, alias El Ratón, aceptó su culpa. El hijo de Joaquín El Chapo Guzmán compareció este viernes ante la jueza Sharon Johnson Coleman y, sin rodeos, se declaró culpable de narcotráfico, lavado de dinero y posesión de armas de fuego. La admisión marca un punto de quiebre en la historia del Cártel de Sinaloa.
No fue una sorpresa, pero sí un momento decisivo. El proceso de negociación —lento, hermético, y por momentos incierto— culminó con la firma de un acuerdo judicial que, según fuentes consultadas, incluye una cooperación con autoridades estadounidenses a cambio de una sentencia más benévola. La jueza aún no ha determinado la pena, pero el documento ya compromete a Ovidio con la justicia de Estados Unidos.
EL PRIMERO DE LOS CHAPITOS EN ROMPER FILAS
Con 35 años, Ovidio es el primero de los hijos del Chapo en rendirse judicialmente. Su declaración no solo es penal; es estratégica. De acuerdo con analistas en seguridad, el valor de su testimonio no está en el pasado legendario del narco, sino en el presente: rutas de fentanilo, socios operativos, redes de distribución y nombres clave que aún no están en prisión.
El acuerdo presentado ante el tribunal —compuesto por múltiples cláusulas— establece condiciones claras: si Guzmán coopera, podría evitar la cadena perpetua. Si se niega, el pacto se disuelve. La cooperación no es menor: implica renunciar a varios derechos, aceptar la incautación de bienes y, sobre todo, contar lo que sabe.
LAS IMPLICACIONES DE HABLAR
La información que Ovidio podría aportar va más allá del narcotráfico. Algunos especialistas sostienen que sus vínculos recientes lo conectan con estructuras institucionales en México, lo que podría derivar en acusaciones de alto nivel. Hasta ahora, el gobierno estadounidense no ha confirmado si el acuerdo incluirá declaraciones sobre financiamiento político o protección oficial, pero las especulaciones crecen.
En este contexto, la extradición de Ovidio en 2023 y su posterior declaración de culpabilidad configuran una narrativa distinta a la de su padre. A diferencia del Chapo, quien enfrentó juicio sin colaborar, El Ratón parece haber optado por el camino de menor condena a cambio de abrir la caja de secretos del narco contemporáneo.
UNA PIEZA MÁS EN LA ESTRATEGIA DE WASHINGTON
El caso de Ovidio se suma a una lista de cooperantes de alto perfil como Dámaso López Serrano (El Mini Lic) y Vicente Zambada Niebla (El Vicentillo), pero ninguno con la cercanía operativa que tuvo El Ratón con la maquinaria del Cártel de Sinaloa en la era del fentanilo.
La historia está en marcha. La siguiente fase será saber qué está dispuesto a revelar Ovidio y hasta dónde está dispuesto a llegar Estados Unidos para desarticular el cártel. En silencio, con uniforme carcelario y sin una fecha exacta para su sentencia, El Ratón ya habló. Y ese eco apenas comienza a escucharse.
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