LANOTA.– Este 1 de septiembre, el inicio del ciclo escolar en Sinaloa no estuvo marcado por la emoción de los cuadernos nuevos ni los reencuentros en el patio. Fue un regreso a clases atravesado por la inseguridad y la violencia, con especial crudeza en Culiacán, donde la guerra interna del Cártel de Sinaloa ha dejado una estela de homicidios, desapariciones y miedo.
Mientras cerca de 586 mil estudiantes de nivel básico regresaban a las aulas en más de 4,700 escuelas, los padres no dejaban de mirar hacia las calles, preguntándose si la jornada terminaría sin incidentes.
VOCES QUE REVELAN EL PÁNICO COTIDIANO
En Culiacancito, Verónica, madre de familia, lo resume en una frase que hiela:
“Eso lo tenemos aquí en el pecho. Mientras uno no se sienta seguro, tiene que estar al pendiente de los hijos”.
Este lunes más de seis mil planteles en Sinaloa regresaron a clases, pero lo hacen en medio de un clima marcado por la violencia.
— Noroeste (@noroestemx) September 1, 2025
En Culiacán, el fin de semana dejó al menos ocho asesinatos, además del ingreso de sicarios a hospitales y clínicas para ejecutar a personas heridas.… pic.twitter.com/paKgoQkCDm
Jesús, que viaja desde Rosales para llevar a su hija, teme incluso el trayecto:
“Si la puerta está cerrada y llega a haber una balacera, los niños quedan expuestos”.
Y Amalia, desde El Alto, confiesa lo que muchos callan:
“Un poco de confianza sí, pero al 100 por ciento, no. Aquí todo cambia en un instante”.
Son voces que reflejan el pulso de un estado donde la rutina escolar se vive bajo el filo de la incertidumbre.
LA VIOLENCIA NO HA DEJADO LAS AULAS
Los números cuentan una historia brutal: desde septiembre de 2024 a la fecha, la pugna criminal ha dejado 1,918 homicidios y 1,907 desapariciones en Sinaloa. El sistema educativo lo ha resentido con escuelas cerradas, ausentismo masivo y aulas vacías.
En los primeros días de la crisis, casi 60% de las escuelas en Culiacán cerraron sus puertas. Aunque la asistencia se ha ido recuperando, todavía hay planteles que permanecen cerrados en zonas de riesgo como Villa Juárez y colonias periféricas de la capital.
UNA NIÑEZ ENTRE EL BALAZO Y EL CUADERNO
La paradoja es brutal: mientras las autoridades estatales aseguran que los refuerzos federales han reducido los delitos, la realidad de las familias dice otra cosa. El miedo sigue marcando cada trayecto, cada timbre escolar, cada tarde en que un niño no regresa a casa a la hora esperada.
El regreso a clases en Sinaloa no es un festejo; es una resistencia. Padres y maestros luchan contra la violencia con la única arma que tienen: la esperanza de que la educación siga siendo un refugio frente a la guerra que se libra afuera.
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