¿Se desploma la economía? La drástica razón por la que Moody’s rebajó la calificación de México

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¿La economía de México se desploma?

20/05/2026

LANOTA.- Imagínese que la economía de un país es como el historial en el buró de crédito de una persona. Si usted gasta más de lo que gana, pide prestado para pagar sus tarjetas y además tiene que mantener un negocio familiar que nomás no deja ganancias, los bancos van a empezar a dudar de su capacidad de pago. Eso es, en palabras sencillas, lo que le acaba de pasar a México.

Este miércoles 20 de mayo de 2026, la agencia internacional Moody’s Ratings le aplicó un “tijeretazo” a la calificación crediticia de México, bajándola de “Baa2” a “Baa3”. Aunque modificó la perspectiva de “negativa” a “estable” —lo que significa que el panorama ya no se va a deteriorar a ritmo de emergencia—, el mensaje de fondo es rudo: el país se quedó en la tablita, apenas un escalón arriba de perder el “grado de inversión” y caer en la temida categoría de “bono basura”.

Como bien lo ilustró Gabriela Siller, directora de análisis económico de Grupo Financiero BASE, estar en este nivel “es como pasar la materia con un 70 de calificación”. Ya no hay margen de error.

LAS RAZONES DEL RECORTE: MUCHO GASTO, POCOS INGRESOS Y EL “BARRIL SIN FONDO” DE PEMEX

¿Por qué las grandes firmas financieras le están perdiendo la confianza a las cuentas públicas mexicanas? Moody’s lo explica sin rodeos: el gobierno tiene las manos atadas por culpa de los “gastos rígidos”, es decir, compromisos de dinero que por ley o por política no se pueden recortar, como el pago de pensiones, los programas sociales de transferencias directas y, de manera muy destructiva, el auxilio financiero a Petróleos Mexicanos (Pemex).

Para darnos una idea de la magnitud del problema, durante 2025 el gobierno federal tuvo que “inyectarle” a Pemex cerca de 35 mil millones de dólares (alrededor del 1.9% de todo el Producto Interno Bruto del país) para que la petrolera no se fuera a la quiebra. Para este 2026 ya se presupuestaron otros 14 mil millones de dólares.

El problema es que, mientras el gasto sube como la espuma, los ingresos que recauda el gobierno a través de impuestos y aduanas (que representaron el 19.1% del PIB en 2025) simplemente no alcanzan para cubrir el boquete. Al apostar por la soberanía energética y los modelos de reparto de dinero en lugar de amarrarse el cinturón, los pilares que sostenían la estabilidad fiscal del país terminaron por agrietarse. El desequilibrio en las finanzas del país (el déficit fiscal) se estacionó cerca del 5% del PIB, provocando que la deuda bruta del gobierno brincara del 46% en 2024 a un preocupante 49.3% al cierre del año pasado.

EL EFECTO EN CADENA: S&P YA HABÍA DADO EL PRIMER JALÓN DE OREJAS

La decisión de Moody’s no es un hecho aislado ni una sorpresa de la noche a la mañana. Hace apenas una semana, el pasado 12 de mayo de 2026, la calificadora S&P Global Ratings también encendió las alertas al cambiar la perspectiva de México de “estable” a “negativa”.

Cuando dos de las tres agencias más importantes del mundo (Moody’s, S&P y Fitch Ratings) se alinean para decir que las cosas no van bien, los mercados internacionales reaccionan de inmediato. Hoy por hoy, las tres firmas tienen a México contra las cuerdas, ubicando al país a tan solo un paso del abismo crediticio.

¿QUÉ FUTURO ECONÓMICO LE ESPERA A MÉXICO EN LOS PRÓXIMOS AÑOS?

El impacto de este recorte no se queda en los escritorios de Wall Street; se traduce directamente en los bolsillos de los mexicanos. Al reducirse la calificación, pedir dinero prestado a nivel internacional se vuelve más caro para México, ya que los inversionistas exigen tasas de interés más altas por el riesgo de prestarnos. Esto encarece el crédito no solo para el gobierno, sino también para las empresas nacionales y los ciudadanos comunes que buscan financiamiento.

Además, el panorama de crecimiento económico para el país luce bastante plano. Moody’s redujo drásticamente su previsión de crecimiento del PIB real para este año a menos del 1.0%, mientras que para 2027 anticipa un modesto avance de apenas 1.3%.

¿Por qué se frenó la economía? Los analistas señalan que la inversión privada viene a la baja desde 2024 debido a problemas estructurales crónicos que el país no ha podido resolver: escasez de agua, apagones y falta de infraestructura energética, deficiencias logísticas y la crisis de seguridad. A esto se suma el nerviosismo de los empresarios ante la próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y la incertidumbre institucional generada por reformas de gran calado, como la reforma judicial.

A pesar del trago amargo, Moody’s dejó una pequeña luz de esperanza: la economía mexicana aún cuenta con estabilidad macroeconómica subyacente y las autoridades han demostrado capacidad para ajustar sus políticas ante los golpes externos. Si el gobierno logra poner la deuda en una trayectoria descendente y genera certidumbre para que regrese la inversión privada, México podría recuperar los puntos perdidos. De lo contrario, si el gasto sigue descontrolado, el país se arriesga a caer formalmente en la categoría de la deuda especulativa, espantando los capitales extranjeros.

PUNTOS CLAVE DE LA NOTA

  • Recorte crediticio: Moody’s Ratings rebajó la calificación de la deuda de México de “Baa2” a “Baa3” este 20 de mayo de 2026, dejándolo al límite de perder el grado de inversión.
  • El lastre de Pemex: El apoyo financiero recurrente a la petrolera estatal absorbió 35 mil millones de dólares en 2025, estrangulando la flexibilidad del presupuesto público.
  • Alerta previa: El ajuste de Moody’s ocurre apenas una semana después de que S&P Global Ratings cambiara la perspectiva del país a “negativa” debido al debilitamiento fiscal.
  • Deuda al alza: La falta de ingresos suficientes para cubrir los gastos rígidos provocó que la deuda bruta del gobierno escalara hasta representar el 49.3% del PIB.
  • Freno al crecimiento: La agencia recortó la expectativa de crecimiento económico de México a menos del 1.0% para este año y estimó apenas un 1.3% para 2027.
  • Incertidumbre empresarial: La falta de agua, los problemas de seguridad, la reforma judicial y la futura revisión del T-MEC mantienen frenadas las inversiones privadas en el país.

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