LANOTA.- En la guerra sin tregua por el control del narcotráfico en Sinaloa, Jorge Humberto Figueroa Benítez, alias “El Perris” o “El 27”, se convirtió en una de las figuras más escurridizas y peligrosas del ala más violenta del Cártel de Sinaloa: “Los Chapitos”.
Su historia, marcada por una carrera criminal meteórica, fugas de película y un sangriento final, ilustra la violencia que consume a la región y el poderío de los grupos criminales que operan impunemente.
EL ESCUDO HUMANO DE LOS CHAPITOS
Tras la caída de Néstor Isidro Pérez Salas, alias “El Nini” —anterior jefe de seguridad de los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán—, “El Perris” tomó el control del aparato armado que custodia a Ovidio, Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán.
No era un personaje de las sombras: su reputación entre sicarios y su habilidad para esquivar operativos lo colocaron rápidamente como una pieza clave en la seguridad de la cúpula criminal.
Desde septiembre de 2024, tras la captura de “El Nini”, el nombre de Figueroa Benítez comenzó a sonar con fuerza en los reportes de inteligencia y entre los altos mandos de las Fuerzas Armadas.
LA FUGA BAJO TIERRA
El 21 de septiembre del año pasado, la Secretaría de la Defensa Nacional montó un fuerte operativo en el fraccionamiento Alameda, en la capital sinaloense. Cercaron la zona, desplegaron unidades blindadas y elementos de élite. El objetivo era claro: atrapar a “El Perris”.
Pero como si se tratara de un personaje de ficción, el jefe de sicarios logró burlar el cerco militar utilizando el sistema de alcantarillado para huir, luego de que sus hombres lanzaran explosivos para distraer a las autoridades.
PERSECUCIONES AÉREAS, FUGAS EN TIERRA
Un mes después, el operativo se trasladó al municipio de Angostura. En la comunidad de Chinitos, un enfrentamiento armado alertó sobre su paradero. Fue rastreado hasta La Palma, en Navolato, pero nuevamente logró escapar, esta vez en un vehículo, pese al despliegue de fuerzas terrestres y helicópteros artillados.
EL ÚLTIMO ENFRENTAMIENTO
La suerte de “El Perris” terminó el pasado viernes 23 de mayo. En la comunidad de Bariometo, Navolato, dos militares resultaron heridos en una emboscada de civiles armados. La respuesta fue fulminante: fuerzas especiales y helicópteros artillados se desplegaron rápidamente. Horas más tarde, se confirmó su muerte en uno de los enfrentamientos.
El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, lo calificó como “uno de los principales generadores de violencia en Sinaloa” y recordó que Estados Unidos ofrecía un millón de dólares por su captura.
El Departamento de Justicia lo acusaba de:
- Conspirar para traficar fentanilo
- Posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos
- Lavado de dinero
DE LOS TÚNELES DE ESCAPE AL “CULIACANAZO”
La historia de “El Perris” no puede contarse sin recordar su participación en uno de los episodios más oscuros del Estado mexicano: el “Culiacanazo” de 2019. De acuerdo con autoridades federales, Jorge Humberto participó activamente en las agresiones a fuerzas armadas tras la captura de Ovidio Guzmán.
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Incluso versiones extraoficiales lo ligan al secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada en julio de 2024, con la intención de entregarlo a Estados Unidos. Se afirma que “El Perris” fue quien lo inmovilizó en la aeronave, una señal del nivel de traición y fractura dentro del propio Cártel de Sinaloa.
FIN DE UNA ERA, INICIO DE OTRA
La caída de “El Perris” representa un golpe a la estructura armada de Los Chapitos, pero también podría detonar una nueva ola de violencia en Sinaloa. Su muerte deja vacante un puesto de alto valor estratégico para el cártel, y no es improbable que nuevos enfrentamientos surjan por el control de ese espacio.
Mientras tanto, su figura queda inscrita en el largo listado de capos abatidos por las fuerzas federales, símbolo de un conflicto que no se detiene y de un estado donde la violencia, la traición y la impunidad siguen marcando el rumbo.
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