LANOTA.- Julio César Chávez Jr., heredero del mítico campeón del boxeo mexicano, lleva años sin brillar en el ring, pero en los tribunales se ha convertido en un peleador de peso completo. Desde 2023, el gobierno mexicano lo busca por delincuencia organizada y tráfico de armas, debido a su presunta relación con una célula vinculada a “Los Chapitos” —la facción del Cártel de Sinaloa encabezada por los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán.
Pero eso no impidió que el hijo pródigo del boxeo nacional cruzara a Estados Unidos sin problema alguno, con una visa autorizada por autoridades norteamericanas que, según el Fiscal General Alejandro Gertz Manero, “sabían perfectamente” de la orden de aprehensión vigente en México.
“Entró a Estados Unidos con una visa que le aceptaron. Sabían que había esa orden. Se estableció, se casó y actuaba libre”, reclamó el fiscal, como quien ve cómo se le escapa el rival por la puerta trasera del cuadrilátero.
ENTRE LA LIBERTAD Y LOS AMPAROS
Chávez Jr. fue detenido en días recientes en territorio estadounidense con fines de extradición. Sin embargo, el golpe no fue tan certero como aparentaba: su equipo legal ha metido la guardia alta, interponiendo hasta seis amparos para impedir su detención inmediata en cuanto pise suelo mexicano.
El abogado del pugilista, Michael Goldstein, anunció que este lunes acudirá a una Corte penal en California para presentar “evidencias de mejoría” de su cliente. Aunque no precisó si esa mejoría es física, emocional o simplemente retórica, lo cierto es que Chávez Jr. ha tenido más acción legal que deportiva últimamente: su última pelea fue una derrota frente al youtuber Jake Paul, lo que ya dice bastante.
En paralelo, la defensa insiste en protegerlo de una detención inmediata si es entregado a México, algo que ha enfurecido a Gertz Manero, quien recordó que el Estado mexicano ni siquiera lo tiene bajo su custodia y que, por lo tanto, el amparo “no procede”, aunque la decisión —como siempre— dependerá de un juez.
PREGUNTA QUE NO GOLPEA: ¿Y LA COOPERACIÓN BILATERAL?
La molestia del fiscal no es gratuita ni sólo por protagonismo mediático. Gertz recordó que, en el mismo año en que Chávez Jr. cruzó a Estados Unidos, México entregó a capos como Ovidio Guzmán “El Ratón” y Néstor Ernesto Pérez Salas “El Nini”, figuras clave en la estructura criminal del Cártel de Sinaloa.
Mientras eso ocurría, Estados Unidos ofrecía asilo legal y estilo de vida californiano al boxeador, a pesar de que ya había sido señalado por agencias estadounidenses desde 2018, cuando se detectó su posible involucramiento con una célula dedicada al tráfico de armas en Nogales, Sonora.
“Ellos sabían perfectamente que había esa orden de aprehensión. Se estableció allá, actuaba libre, y ha estado ahí mientras nosotros hacemos el requerimiento para que nos lo entreguen”, insistió Gertz, en tono de reproche.
LA LEY Y LA FARÁNDULA
El caso tiene todos los ingredientes para atraer reflectores: un apellido ilustre, presuntos nexos con el narco, amparos en cascada y una Fiscalía frustrada por la lentitud (o desinterés) del país vecino.
Por si fuera poco, Gertz no dejó pasar la oportunidad para lanzar un último gancho: aseguró que tanto las autoridades estadounidenses como el propio Julio César Chávez padre sabían de la situación legal de su hijo, pero prefirieron guardar silencio mientras Chávez Jr. vivía protegido por “las leyes americanas”.
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