LANOTA.- Apenas habían transcurrido unas horas desde que Alejandro Fuerte García asumió como presidente municipal de Tacámbaro, Michoacán, cuando confesó en voz alta lo que muchos piensan pero pocos dicen: tiene miedo. “Como ser humano, yo creo que todos tendríamos miedo”, reconoció ante los medios, mientras intentaba mantener la sonrisa frente al micrófono. Un alcalde que no niega el temor, pero promete no detenerse.
En otro contexto, esa declaración sería un gesto de humildad. En Tacámbaro, es una alerta encendida. Apenas el mes pasado, el exalcalde Salvador Bastida García fue asesinado a balazos junto con su escolta mientras salían de una taquería. El crimen cimbró al municipio y dejó un vacío de poder que hoy Fuerte García intenta llenar, entre apretones de manos, promesas de unidad… y miedo.
EL MIEDO NO ES GRATUITO
El nuevo edil, exdirector de Protección Civil, no lo dice abiertamente, pero sabe bien a lo que se enfrenta. Su predecesor murió a tiros; el presunto autor, “El Kiko”, fue detenido tras semanas de cacería. Según la Fiscalía estatal, el atacante mantenía una relación cercana con el alcalde asesinado y habría huido con una bolsa de 200 mil pesos tras el crimen. Las líneas entre lealtad y traición parecen cada vez más difusas en el poder local.
UNA TOMA DE PROTESTA ACCIDENTADA
Durante su presentación oficial, el ambiente se tensó aún más. Reporteros intentaron acercarse para entrevistarlo, pero miembros de su equipo impidieron el paso y una periodista terminó en el suelo. Un incidente menor, tal vez. O una metáfora perfecta del clima que impera en el municipio: desconfianza, tensión, miedo contenido.
Minutos después, Fuerte apareció flanqueado por el diputado del PT, Vicente Gómez Núñez, en un intento por mostrar fuerza política y respaldo institucional.
LA NEGACIÓN Y LA REALIDAD
En sus primeras palabras, el nuevo alcalde se esforzó por dar una imagen de normalidad. “Tacámbaro está muy tranquilo”, aseguró, en contraste con las balas que hace apenas unas semanas perforaron la noche y la estabilidad del municipio.
Asegura que no hay grupos criminales, ni reportes de cobro de cuotas. Que todo sigue funcionando. Que las empresas trabajan, que no se ha detenido la economía. Palabras que suenan a consigna de resistencia o a fórmula de supervivencia.
Pero lo cierto es que Tacámbaro vive en una falsa calma, entre la ausencia de garantías reales de seguridad y un entorno de violencia silenciosa que ha dejado muertos, miedo y una crisis de gobernabilidad que aún no se disipa.
CRISIS DE FONDO
Además de la violencia, sobre el nuevo alcalde pesan interrogantes que evitó responder. Cuando se le preguntó por el posible regreso de Raudel Campos Murillo, ex tesorero señalado por delitos sexuales, prefirió guardar silencio.
Fuerte asegura que todo el cabildo está unido, que hay voluntad de trabajar y que una de sus prioridades será coordinarse con autoridades estatales y federales para mejorar la percepción de seguridad y promover el turismo.
Pero, en Tacámbaro, la percepción no es el problema: es la realidad.
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