LANOTA.– El 25 de agosto de 2025 no será un lunes cualquiera en Nueva York. Ese día, la Corte del Distrito Este presenciará un episodio que parecía impensable: Ismael “El Mayo” Zambada García, el hombre que durante más de cuatro décadas se mantuvo como una sombra intocable del narcotráfico, aceptará su culpabilidad.
El tribunal ya hizo el movimiento: lo que estaba programado como una conferencia ordinaria de estado pasó a convertirse en “Audiencia de Cambio de Declaración”. El juez Brian Cogan, quien también llevó el juicio de Joaquín “El Chapo” Guzmán, dejó asentado en el expediente que se trataba de un caso excepcional: por la complejidad, por la posibilidad de pena capital que alguna vez se barajó y por el interés superior de la justicia.
DE LA NEGACIÓN AL RECONOCIMIENTO
Hasta hace unos meses, Zambada se había declarado inocente de los 17 cargos en su contra, que van desde tráfico de drogas a gran escala —cocaína, metanfetaminas, heroína y fentanilo— hasta lavado de dinero y posesión de armas. El viraje hacia una admisión de culpabilidad representa un punto de quiebre: abre la puerta a una sentencia que, sin margen de duda, lo condenará a pasar el resto de su vida tras las rejas.
Uno de los cargos más delicados era la introducción de fentanilo a Estados Unidos, un delito que pudo costarle la pena de muerte. Finalmente, la fiscalía retiró ese escenario, inclinando la balanza hacia una cadena perpetua.
EL CAPO QUE NUNCA CAYÓ… HASTA AHORA
A diferencia de su socio y rival histórico, Joaquín “El Chapo” Guzmán, El Mayo cultivó un estilo silencioso. Sin fugas espectaculares, sin corridos que exaltaran su figura en exceso, y con un bajo perfil que parecía hacerlo invisible. Para muchos, era “el último capo de la vieja escuela”, un sobreviviente que había sorteado décadas de operativos, traiciones y reconfiguraciones internas del Cártel de Sinaloa.
Mientras “El Chapo” se convirtió en protagonista de titulares y juicios mediáticos, Zambada encarnaba el poder en la penumbra. Hasta que, en junio de 2024, su suerte cambió.
UNA CAPTURA ENTRE SOMBRAS
La detención de “El Mayo” en Texas fue presentada como un triunfo de las autoridades estadounidenses. Pero en México se habló de otra versión: que agentes de Washington habrían intervenido directamente en territorio nacional para asegurar al capo, en una operación que después se maquilló como arresto fronterizo.
El episodio desató tensiones diplomáticas y un inevitable debate: ¿había sido entregado para aliviar la presión de Estados Unidos por la crisis del fentanilo, que deja decenas de miles de muertes al año?
Lo cierto es que su caída fue un golpe simbólico y estratégico: demostrar que nadie, ni siquiera el capo más longevo del hemisferio, estaba fuera del alcance.
LO QUE VIENE
El 25 de agosto marcará no solo el destino de un hombre, sino el fin de una era. Con “El Chapo” condenado y “El Mayo” a punto de declararse culpable, se cierra el ciclo de los viejos capos que combinaron pragmatismo, control territorial y pactos silenciosos.
Ahora, el futuro del Cártel de Sinaloa está en manos de una generación distinta: “Los Chapitos”, herederos de Guzmán Loera, acusados de impulsar un modelo criminal más violento y orientado a las drogas sintéticas.
El juicio de Zambada no será solo un capítulo judicial. Será también un espejo del narcotráfico en México: cómo la discreción dejó paso al estruendo, y cómo los viejos capos, aquellos que parecían eternos, empiezan a quedar en el archivo de la historia.
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