Don Checo, el capo del huachicol que operaba con protección de Marina, FGR y Pemex

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Cirio Sergio Rebollo Mendoza, mejor conocido como Don Checo.

LANOTA.-   Durante años, Cirio Sergio Rebollo Mendoza, mejor conocido como Don Checo, operó una de las redes de robo de combustible más complejas y protegidas del país, en el Estado de México y entidades vecinas. 

No se trataba solamente de un huachicolero: su organización compraba voluntades, silenciaba a funcionarios e infiltraba instituciones clave como Pemex, la Fiscalía General de la República (FGR) y la Marina, mientras seguía expandiendo su imperio criminal sin freno.

La reciente judicialización del caso tras su captura en Ixtlahuaca, Estado de México, permitió conocer los detalles más oscuros de su operación: más de dos mil grabaciones telefónicas obtenidas con aval judicial que revelan cómo Don Checo sobornaba, negociaba y pactaba con mandos medios y altos de diversas instituciones. El expediente judicial al que tuvo acceso el diario Reforma no solo desnuda la operación de un huachicolero, sino la podredumbre institucional que lo hizo posible.

INTERCEPCIONES QUE HABLAN: CÓMO OPERABA LA RED DE CORRUPCIÓN

Gracias a la autorización de un juez federal, la FGR logró intervenir legalmente los teléfonos de Rebollo Mendoza. Las grabaciones ofrecen un retrato sin filtros de cómo una red criminal puede operar con protección estatal a cambio de dinero, influencias y silencio.

En una llamada registrada como evento 800, un colaborador de Don Checo le informa que ya fue cerrado un nuevo trato con un agente de inteligencia de Pemex: 25 mil pesos semanales a cambio de protección total. La relación no solo se limita a Pemex. En otra conversación (evento 1146), los operadores detallan la repartición de “sobres amarillos” que contienen pagos para policías municipales, empleados de la petrolera y agentes que dan información.

La organización también mantenía comunicación constante con elementos corruptos dentro de la FGR, quienes filtraban operativos con anticipación. Una escucha —evento 1079— revela cómo una mujer advierte a Rebollo sobre un inminente cateo a un inmueble utilizado para almacenar hidrocarburo robado en la autopista México–Querétaro. “Ya se movieron los tambores, ya no hay nada ahí”, comenta uno de los operadores luego de recibir el aviso.

RED CON TENTÁCULOS EN POLICÍAS, MP Y FUERZAS ARMADAS

Los sobornos eran parte estructural del negocio. En la llamada evento 1153, un mando de la policía municipal de Jilotepec solicita dinero para “agradecerle” a un Ministerio Público y a un agente federal que dejaron libre a un detenido con arma larga, a pesar de que el hecho ameritaba prisión preventiva.

Pero los tentáculos llegaban aún más lejos. En el evento 909, Don Checo hace referencia a “los amigos de la Marina”, y uno de sus operadores explica que su colaborador más cercano “trabaja como con los de la Marina y la estatal, está bien relacionado”. La evidencia apunta a que elementos de las Fuerzas Armadas habrían estado al tanto —o incluso involucrados— en las operaciones de la red huachicolera.

Este ecosistema de protección y complicidad permitió que Rebollo operara durante años, incluso tras detenciones previas. El sistema judicial parecía perdonarlo una y otra vez, al punto que sus propios operadores hacían bromas sobre los montos a pagar para “evitar problemas”.

HUACHICOL CON SELLO INSTITUCIONAL: UN ESTADO REBASADO 

El caso Don Checo no solo expone a un capo del huachicol: retrata a un Estado que negocia su autoridad. Las instituciones llamadas a combatir el robo de combustible —un delito que cuesta miles de millones de pesos al erario cada año— no solo fallaron en su labor, sino que fueron parte activa del engranaje criminal.

La captura de Rebollo Mendoza representa un golpe importante, pero también plantea preguntas inquietantes: ¿cuántos más como él están operando hoy con protección oficial? ¿Cuántos mandos, ministerios públicos, policías y agentes de inteligencia continúan recibiendo pagos semanales para cerrar los ojos?

Hasta ahora, las autoridades no han dado a conocer si se abrirán investigaciones internas contra los funcionarios mencionados en las grabaciones. El caso avanza en tribunales, pero el vacío institucional sigue intacto.

La historia de Don Checo no es una excepción; es síntoma de un sistema que permite que el crimen se infiltre en el poder.

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