LANOTA.- En política, las palabras que no se dicen suelen pesar más que las que sí. Y este miércoles, la presidenta Claudia Sheinbaum dejó muchas sin decir. Cuestionada directamente sobre si confía en el diputado Ricardo Monreal, la mandataria federal esquivó la respuesta: “Está haciendo su trabajo Ricardo, y somos parte de este gran movimiento”.
Ni sí, ni no. Pero la falta de contundencia abrió la puerta a las suspicacias. Más aún cuando la pregunta surgió tras explosivas declaraciones de Sandra Cuevas, exalcaldesa de Cuauhtémoc, quien acusó al zacatecano de haber operado en su contra y de haber amenazado a su familia. Acusaciones graves que no merecieron una palabra de condena en Palacio Nacional.
“JALAMOS PAREJO”, PERO…
Sheinbaum intentó matizar la tensión recordando que sí hubo diferencias con Monreal en el pasado, pero que “hoy estamos jalando parejo para avanzar en la transformación del país”. Una frase políticamente correcta que no disipa las dudas sobre las lealtades del legislador morenista, particularmente por su historial de jugar en la raya —y a veces más allá— de los acuerdos internos.
A manera de comparación, la presidenta evocó el proceso interno de Morena en 2023, cuando compitió por la candidatura presidencial con Monreal y otros cinco aspirantes: “Imagínense si yo hubiera dicho que los otros cinco o seis que participaron en la elección interna estaban contra mí y ya no se les da la oportunidad”, dijo, en tono conciliador, como para mostrar que el perdón político es parte del oficio.
UN SILENCIO REVELADOR ANTE ACUSACIONES DELICADAS
Lo que no dijo pesa más: ni una palabra sobre las amenazas denunciadas por Cuevas, ni un deslinde claro sobre presuntas traiciones políticas. En cambio, optó por cerrar filas, aunque a regañadientes, con quien muchos en su entorno aún consideran una figura ambigua.
MONREAL, ENTRE LA SOSPECHA Y LA CONVENIENCIA
Las acusaciones de Sandra Cuevas colocan a Ricardo Monreal como un operador político capaz de presionar y maniobrar incluso contra sus propios aliados. Un perfil que, en otro contexto, sería insostenible en el círculo cercano del poder. Pero en el México de las transiciones suaves y los equilibrios tensos, Monreal permanece: incómodo, pero necesario.
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Y mientras la presidenta guarda silencio ante las acusaciones, muchos se preguntan si ese silencio no será, en el fondo, una advertencia.
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