LANOTA.- La diplomacia se rompió con una carta. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, envió un mensaje directo y sin rodeos a su homóloga mexicana, Claudia Sheinbaum: a partir del 1 de agosto de 2025, todo producto mexicano que cruce la frontera pagará un arancel del 30%. La razón, según el mandatario republicano: México ha fallado en frenar a los cárteles que inundan su país de fentanilo.
El golpe no solo es comercial, es político, simbólico y estratégico. En la carta, Trump lanza acusaciones demoledoras:
“México aún no ha detenido a los cárteles que intentan convertir a toda Norteamérica en un paraíso para el narcotráfico… ¡Obviamente no puedo permitir que eso suceda!”
Y va más allá, con una amenaza disfrazada de oportunidad empresarial:
“No habrá arancel si México o sus empresas deciden fabricar productos en Estados Unidos… lo aprobaremos en semanas”.
El mensaje es claro: si quieren acceso al mercado, trasladen su producción a territorio estadounidense. Se trata de una política de presión brutal que recuerda al primer mandato de Trump, pero con un nuevo blanco: el gobierno de Sheinbaum.
¿CASUALIDAD O VENGANZA?
El anuncio no llega en el vacío. Fue lanzado menos de 24 horas después de que Ovidio Guzmán —hijo del “Chapo”— se declarara culpable ante una corte federal de Chicago. En su confesión, reconoció ser cabecilla del Cártel de Sinaloa y aceptó haber dirigido una red transnacional de tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos.
El acuerdo con la fiscalía podría derivar en reducción de condena si colabora como informante, lo que abre la posibilidad de que Ovidio entregue nombres, rutas y cómplices, incluso dentro de las estructuras del Estado mexicano.
Ese contexto alimenta la especulación: ¿el castigo arancelario de Trump es por la “colaboración insuficiente” de México o es una advertencia preventiva ante lo que pueda revelar el hijo del “Chapo”?
ESCALADA DIPLOMÁTICA EN MARCHA
La presidenta Sheinbaum ha sido enfática en sus críticas a la decisión de Estados Unidos de negociar con un criminal confeso como Ovidio Guzmán, a quien —bajo las nuevas leyes estadounidenses— ya podrían considerar terrorista. Pero sus reclamos no han cambiado el rumbo del juicio ni la estrategia de Washington.
Y mientras la mandataria intentaba retomar el control del discurso tras el escándalo, el abogado de Ovidio, Jeffrey Lichtman, encendió aún más la hoguera. Luego de que Sheinbaum calificara de “irrespetuosas” sus declaraciones, Lichtman la acusó de actuar como “brazo de relaciones públicas del narco”. Un señalamiento incendiario que se suma al contexto de tensión.
El mismo Lichtman recordó que Estados Unidos decidió no incluir a México en las negociaciones con Guzmán, tras lo ocurrido en el sexenio de López Obrador con la exoneración del general Salvador Cienfuegos. La desconfianza institucional persiste.
UNA NUEVA GUERRA: COMERCIAL Y POLÍTICA
Lo que está en juego ya no es solo el intercambio de mercancías. Es la relación bilateral, la cooperación en seguridad, la credibilidad de las instituciones mexicanas y la legitimidad de un gobierno que apenas comienza.
Con esta acción, Trump convierte a México en su chivo expiatorio favorito para fines electorales. Vuelve al guion que le dio resultados en 2016: fronteras cerradas, castigo económico, retórica antimigrante y mano dura contra el narco… aunque eso implique dañar a su principal socio comercial.
México se encuentra, otra vez, ante una embestida que mezcla cálculo político, presión económica y desprecio diplomático. El desafío para Sheinbaum es monumental: defender al país sin ceder, proteger los empleos sin doblarse, y demostrar que su administración no está atrapada en las sombras que Ovidio empieza a revelar.
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