LANOTA.– En un movimiento que redefine el mapa energético de México y marca un hito para el sector privado, la multinacional española Iberdrola anunció la venta de sus operaciones en el país al grupo Cox por 4 mil 200 millones de dólares. La transacción incluye 18 plantas generadoras, proyectos en desarrollo y la mayor comercializadora privada de electricidad en México, que atiende al 25% del mercado nacional privado y más de 500 grandes empresas.
EL ADIÓS DE IBERDROLA: UNA SALIDA CON MENSAJE
Con este movimiento, Iberdrola confirma su retiro estratégico del mercado mexicano, después de años de tensión con el gobierno federal y un entorno legal percibido como inestable. La decisión no fue inesperada: ya se especulaba con su salida desde que enfrentó obstáculos regulatorios, presiones políticas y acusaciones de beneficiarse de esquemas de autoabasto eléctrico que la nueva administración considera irregulares.
Pese a la narrativa oficial de que “no había razones para irse”, la empresa redirigirá su inversión hacia países donde ve mayor certidumbre: Estados Unidos, Reino Unido, Brasil y España, con un ambicioso plan de 60 mil millones de dólares en redes eléctricas.
¿QUIÉN ES COX Y QUÉ GANÓ CON LA COMPRA?
Grupo Cox, menos conocido en México pero con creciente presencia en América Latina, consolida con esta compra su incursión de lleno en el sector energético. Con la adquisición, abarcará toda la cadena eléctrica: generación, distribución y comercialización, lo que lo coloca como un nuevo jugador dominante en el mercado nacional.
La empresa señaló que la operación le permitirá adelantar tres años su plan estratégico, con ventas proyectadas de 3,300 millones de dólares en 2025 y un EBITDA de 825 millones. Además, planea una inversión de 10 mil 700 millones de dólares en México hasta 2030, en nuevas plantas, infraestructura hídrica y coinversiones con la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
MÁS QUE ELECTRICIDAD: UNA APUESTA POR INFRAESTRUCTURA Y COOPERACIÓN
Más allá de las plantas, Cox incorporará más de 800 empleados de Iberdrola México, y mantendrá sus operaciones con un enfoque regional y social. También anunció que buscará alianzas con la CFE para desarrollar proyectos conjuntos, en línea con la estrategia de Claudia Sheinbaum de permitir inversión privada bajo reglas claras.
Este enfoque híbrido ―con participación privada, pero con liderazgo público― parece alinearse con el modelo energético propuesto por la nueva administración. “Sí a la inversión, pero con reglas claras”, ha repetido Sheinbaum.
UN VALOR EN TRANSICIÓN
Para Cox, la operación significa adquirir activos que generarán beneficios equivalentes a 6.5 veces su EBITDA proyectado en 2025, más pagos extra por proyectos en desarrollo. La magnitud de la compra también representa un voto de confianza en la demanda energética de México, que sigue creciendo pese a tensiones regulatorias.
En contraste, para Iberdrola, la venta representa una retirada estratégica y un cambio de paradigma: pasar de un mercado incierto a otros regulatoriamente más estables.
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