“No me dejes, güey”: ‘El Perris’ cayó solo, traicionado y sin refuerzos

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest
Pocket
WhatsApp
La vivienda donde fue abatido El Perris.

LANOTA.-   Sin refuerzos, sin protección, sin respaldo. Así terminó la vida de Jorge Humberto Figueroa Benítez, conocido como El Perris o El 27, uno de los últimos operadores de confianza de Los Chapitos, la facción del Cártel de Sinaloa liderada por los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

La tarde del viernes 23 de mayo, fuerzas especiales del Ejército Mexicano lo abatieron dentro de una vivienda de ladrillo, en el municipio de Navolato. Era una casa modesta, sin blindaje, sin lujo. En la escena, su cuerpo quedó tendido sobre una cama vieja, el torso desnudo, con un fusil a un lado y la piel marcada con los nombres de sus seres queridos: Joselín, María, Sebastián, José e Iker.

SU ÚLTIMA SÚPLICA: “NO ME DEJES, GÜEY”

Minutos antes de morir, El Perris hizo un último intento desesperado por sobrevivir. A través de la radio pidió apoyo a su gente, pero nadie llegó. El audio de su clamor fue filtrado a redes sociales poco después de su muerte y este lunes el periodista José Luis Montenegro confirmó su autenticidad.

“Mi compa, mi compa, 37”, se le escucha decir con urgencia.
“Deme la ubicación exacta para caerle ahí con la plebada”, responde uno de sus escoltas.
“No me dejes, güey”.
“Negativo, jefe”.
“¿A qué le tienes miedo o qué, verga?”, grita El Perris, sabiendo que su fin se aproxima.
“Órale, vergas, arrímese, no que muy vergas”, exige sin respuesta.

Lo abandonaron. Los refuerzos nunca llegaron.

TRAICIÓN DESDE DENTRO

Aunque el gobierno federal informó que su muerte ocurrió en un enfrentamiento, Montenegro asegura que su ubicación fue filtrada desde el interior del cártel. Una venganza por haber buscado negociar su salida del crimen organizado con autoridades de México y Estados Unidos.

Según el periodista, El Perris habría entregado información que facilitó la captura de piezas clave de Los Chapitos, como El Jando, El 200, El Güerito, El Toner, entre otros. La supuesta traición lo volvió objetivo de su propia organización.

También se le atribuye un papel clave en la ruptura con el ala de “El Mayo” Zambada, tras coordinar el traslado de éste a Estados Unidos, donde fue detenido junto con Joaquín Guzmán López.

EL OCASO DE UN HOMBRE CLAVE

Pese a haber sido uno de los hombres más buscados por el gobierno estadounidense —con recompensa de un millón de dólares por su cabeza—, El Perris murió lejos del poder que alguna vez tuvo.

La casa donde cayó era modesta y deteriorada. Sin blindaje, sin cámaras, sin más defensa que un arma y una escalera oxidada. Los peritajes muestran paredes perforadas por balas de alto calibre. En una recámara contigua, también en abandono, se cree que fue abatido José María, alias El Chema, aunque esta versión no ha sido confirmada oficialmente.

El lugar donde murió, según el periodista Luis Chaparro, servía como tiendita de narcomenudeo. El hombre que coordinó operaciones de alto nivel terminó solo, acorralado y con la voz quebrada.

UN AVISO PARA SINALOA

La caída de El Perris no es solo una baja operativa: marca un nuevo capítulo en la guerra intestina dentro del Cártel de Sinaloa. Su muerte podría reconfigurar alianzas, como la que se rumora entre Los Chapitos y el CJNG, y desatar nuevas olas de violencia en la región.

La ejecución sin refuerzos, la traición interna y su abandono en el campo de batalla envían un mensaje claro: nadie es intocable. Ni siquiera los jefes más temidos.

Síguenos en @LaNotaDeMexico

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest
Pocket
WhatsApp