Urnas con engaño: entregaban piedras y restos animales en lugar de cenizas humanas: Harfuch

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Peritos forenses revisan restos.

LANOTA.-   La mañana se abría con la promesa de normalidad, pero las declaraciones del secretario federal de Seguridad, Omar García Harfuch, desataron una tormenta emocional que ha hecho eco en todo el país. El hallazgo de 383 cuerpos en condiciones irregulares dentro del crematorio “Plenitud” ha puesto en entredicho no solo los protocolos forenses, sino la capacidad del Estado para brindar justicia a quienes han perdido todo… menos la esperanza.

“Se entregaron cenizas mezcladas con arena para gatos, piedras de pecera… incluso restos animales”, reconoció Harfuch, al referirse al escándalo. La escena es tan absurda como atroz: familias esperando respuestas, mientras urnas selladas ocultaban cualquier cosa, menos dignidad.

UN CREMATORIO DE DUELO Y SILENCIO

En la colonia Granjas Polo Gamboa, al suroriente de Ciudad Juárez, el crematorio Plenitud operaba con lo que las autoridades han descrito como “irregularidades administrativas”. Pero lo que comenzó como una inspección por anomalías, terminó por revelar un infierno terrenal: más de tres centenares de cuerpos apilados, sin identificarse, sin descanso, sin respeto.

Mientras la Fiscalía General del Estado de Chihuahua encabeza la investigación, se han confirmado dos personas detenidas, aunque los nombres de los responsables aún no se revelan. Las familias, en cambio, no tienen rostro para acusar, pero sí una larga lista de nombres por los que claman verdad.

MADRES BUSCADORAS, ENTRE LA ANGUSTIA Y LA ESPERANZA

El hallazgo revivió heridas aún abiertas. Colectivos de madres buscadoras se preparan para ingresar al sitio, como si pisaran un campo minado de emociones, de restos que podrían —o no— pertenecer a sus hijos, hijas, esposos o hermanos.

Anita Cuéllar, madre de Jessica Ivonne, desaparecida hace años, rompió el silencio:

“Queremos que se investigue a fondo, que no se oculte nada y que se castigue a quien resulte responsable. Ojalá no sean ellos, pero necesitamos respuestas.”

Luz Elena Muñoz, madre de Nancy Ivette, no oculta la angustia que le habita desde hace años:

“No sabemos si están ahí nuestras hijas, pero seguimos aquí, con fe y esperando.”

Ellas no son las únicas. En toda la frontera norte, decenas de madres se preguntan si el final de su búsqueda podría estar dentro de esas cámaras refrigeradas, o si aún deberán seguir cavando con palas, gritando en desiertos, tocando puertas que nunca se abren.

JUSTICIA REZAGADA, INDIGNACIÓN PRESENTE

Las autoridades aún no han confirmado si alguno de los cuerpos pertenece a víctimas de desaparición forzada o asesinatos, pero los reclamos sociales crecen: ¿cómo pudo operar tanto tiempo un crematorio en esas condiciones? ¿Quién lo permitió? ¿Dónde estaban los controles?

Mientras tanto, desde la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, Harfuch asegura que seguirán informando. Pero en Ciudad Juárez, la paciencia se agota y la dignidad reclama su lugar. Porque no se trata de cifras, se trata de personas. Y de las familias que nunca dejaron de buscar.

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