LANOTA.- Detrás de una fachada modesta y un nombre que evocaba descanso eterno, el crematorio “Plenitud” escondía uno de los episodios más indignantes y dolorosos en la historia reciente de Ciudad Juárez: 386 cuerpos abandonados, apilados, sin honra ni identificación.
Hoy, la Fiscalía General del Estado anunció que finalizó el análisis de reconocimiento forense. Sólo seis cuerpos han sido entregados a sus familias. Sólo seis.
La noticia debió traer algo de alivio. Pero no. Cada cifra es un eco de la omisión, del colapso institucional y del desprecio a los muertos.
EL ESCÁNDALO QUE OLÍA A MUERTE
Todo comenzó el 26 de junio, cuando vecinos de la colonia Granjas Polo Gamboa denunciaron olores fétidos. Lo que parecía una fuga sanitaria resultó una escena macabra: 60 cadáveres acumulados, algunos en bolsas, otros expuestos. Días después, la cifra escaló a 386 restos humanos, 213 hombres, 165 mujeres y ocho cuerpos indeterminados. Nadie había dado la alerta. Nadie los buscaba. O al menos, nadie los escuchaba.
EL LUTO CONGELADO DE CIUDAD JUÁREZ
Desde entonces, la Dirección de Servicios Periciales emprendió una tarea titánica: entrevistas, pruebas de ADN, rehidratación de tejidos. Mil 346 entrevistas fueron realizadas para reconstruir identidades perdidas. El proceso forense fue riguroso, sí. Pero también lento y devastador para quienes tenían la esperanza de encontrar ahí a un ser querido desaparecido, una despedida, un cierre.
Hasta ahora, solo seis familias han recuperado a los suyos. Otras 61 identidades están en proceso de confirmación, y 181 cuerpos siguen siendo sometidos a técnicas para recuperar huellas dactilares. El tiempo, la putrefacción, la negligencia: todo conspiró contra la memoria de esas vidas.
JUSTICIA LENTA, INDIGNACIÓN VIVA
Los responsables ya están vinculados a proceso. José Luis A.C., dueño del crematorio, y Facundo M.R., su empleado, enfrentan cargos por inhumación ilegal y violación a la dignidad de los restos humanos. Pero el castigo legal —una pena máxima de 17 años de prisión— luce insuficiente frente a la magnitud de la afrenta.
Porque no se trata sólo de delitos penales. Se trata de una sociedad que permitió que la muerte fuera gestionada como basura. Se trata de instituciones que no supervisaron. De cuerpos que no fueron reclamados porque nadie supo dónde buscar.
El crematorio “Plenitud” cerró sus puertas, pero la herida que deja sigue abierta. En Ciudad Juárez, hay familias que aún no duermen, esperando una llamada de la Fiscalía. Otras, que ya recibieron las cenizas, lloran ahora la forma en que sus muertos fueron tratados.
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