LANOTA– La tarde del 29 de diciembre, la colonia Santa Eduwiges se convirtió en escenario de una emboscada calculada. La Fiscalía de Jalisco confirmó la participación de más de 30 sicarios, un despliegue que evidencia logística, recursos y coordinación. Al menos 7 vehículos fueron utilizados en el ataque, algunos con placas de Michoacán, otros abandonados en calles cercanas. Nada fue improvisado: cada movimiento parecía diseñado para asegurar el golpe.
EL PERFIL DE UN COMERCIANTE PODEROSO
Conocido como “El Prieto” o “Don Beto”, Alberto Prieto Valencia era un comerciante con peso en el Mercado de Abastos de Guadalajara. Su negocio abarcaba la venta de semillas, cereales y abarrotes, además de una flota de transporte de carga. Dueño de bodegas y fundador de Transportes Odal, se presentaba como empresario sólido, aunque su nombre también aparecía en investigaciones sobre prácticas ilegales que rondaban el comercio local.
EL VEHÍCULO SIN BLINDAJE
El automóvil en el que viajaba Prieto no estaba blindado. A su lado, siete escoltas —algunos militares retirados— intentaron resistir el ataque. La balacera duró varios minutos, con ráfagas que se escucharon en toda la zona. Dos camionetas quedaron abandonadas en el sitio, otras dos fueron halladas en calles aledañas. La escena revelaba un operativo de gran escala.
UN MENSAJE DEL CRIMEN ORGANIZADO
Las autoridades apuntan a que el ataque fue perpetrado por el crimen organizado. Las imágenes del C5 y los indicios recabados en la escena son analizados para identificar a los responsables. La magnitud del operativo sugiere un mensaje: un asesinato planeado con precisión militar, respaldado por una estructura criminal con capacidad de movilizar decenas de hombres armados.
LAS SOMBRAS DEL MERCADO DE ABASTOS
Las primeras líneas de investigación señalan posibles vínculos de Prieto con las llamadas “rifas colombianas” y el sistema de préstamos “gota a gota”, modalidades de extorsión y lavado de dinero. Se presume que pudo haber resistido, denunciado o tenido desacuerdos con quienes operan estos esquemas. Su muerte, entonces, no solo sería un ajuste de cuentas, sino un golpe contra alguien que incomodaba intereses oscuros.
LA RESPUESTA DEL ESTADO
Tras la emboscada, el Gabinete de Seguridad del Estado acordó reforzar la vigilancia en todo Jalisco, con operativos diarios y la participación del Ejército Mexicano, Guardia Nacional y policías locales. La reunión extraordinaria en la Quinta Región Militar dejó claro que el caso se convirtió en prioridad: un asesinato que exhibe la fragilidad de la seguridad y la fuerza del crimen organizado en la región.
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