Secta satánica o religión disfrazada: el enigma que investiga la justicia

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La capilla de la secta satánica.

LANOTA.-  En una casa común y sin distintivos en Huejutla, Hidalgo, algo más que rezos se escondía entre sus paredes. La comunidad creía que ahí se congregaban personas devotas, seguidores de una fe particular. Pero el 13 de junio, el velo cayó con brutalidad: dos agentes de la Policía Estatal fueron asesinados a manos de los integrantes de lo que ahora se perfila como una secta violenta, y la investigación ha destapado un inquietante entramado de fanatismo, encierros y prácticas religiosas clandestinas.

LA LLAMADA QUE LO CAMBIÓ TODO

Aquel jueves por la noche, un reporte anónimo llegó a las líneas de emergencia. “Están encerrando a menores”, decía la voz temblorosa. Lo que debía ser una intervención para rescatar a presuntas víctimas de privación ilegal de la libertad en un inmueble utilizado por la “Iglesia del Dios Vivo, Columna y Apoyo de la Verdad, La Luz del Mundo”, terminó en tragedia.

Los uniformados irrumpieron en la propiedad sin imaginar la violencia que los aguardaba. Allí, lejos de encontrar un culto pacífico, fueron recibidos con furia desmedida. Dos agentes fueron linchados y asesinados. Otros ocho –entre policías y civiles– resultaron heridos. La escena fue un caos: gritos, sangre, fanatismo en su punto más crudo.

ENTRE VELAS, DOGMAS Y AGRESIÓN

Las autoridades estatales y federales han revelado que la congregación no sólo realizaba ritos religiosos, sino que mantenía prácticas coercitivas y posibles castigos físicos. La Procuraduría General de Justicia de Hidalgo (PGJEH) ya vinculó a proceso a ocho personas –incluidos presuntos líderes del grupo– por homicidio calificado, lesiones dolosas, privación ilegal de la libertad y asociación delictuosa. Todos se quedarán en prisión preventiva mientras avanza la investigación.

UN NOMBRE LEGAL, UNA OPERACIÓN ILEGAL

La paradoja que intriga a muchos es que la agrupación está registrada ante la Secretaría de Gobernación como asociación religiosa. Sin embargo, el inmueble cateado operaba sin los permisos para funcionar como templo o punto de reunión. Según testigos, el lugar era también un centro de adoctrinamiento y encierro.

El caso ha encendido alertas en la Comisión Nacional Antisectas y la Unidad de Inteligencia Financiera. No se descarta que el grupo esté involucrado en delitos adicionales, como trata de personas o lavado de dinero.

UN PROCESO BAJO LA LUPA NACIONAL

La Comisión Estatal de Derechos Humanos ha abierto un expediente para garantizar la protección a víctimas y sobrevivientes, mientras familiares de los agentes asesinados exigen justicia y respuestas. Asociaciones civiles han solicitado que observadores independientes vigilen cada etapa del proceso penal.

¿Hasta dónde llegará esta historia? ¿Qué otros secretos guarda esta secta bajo su fachada de fe? Lo cierto es que en Huejutla, la línea entre la devoción y la barbarie se rompió de forma irreversible. Y ahora, la justicia deberá descifrar si lo que ocurrió fue un crimen aislado o la punta de un iceberg mucho más oscuro.

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