29/04/2026
LANOTA.- La jornada electoral que llevó a Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa no se escribió con votos, sino con el terror de un operativo paramilitar orquestado por el Cártel de Sinaloa. Mientras las urnas esperaban la voluntad popular, las calles de Culiacán se convirtieron en el escenario de una cacería humana: más de cien operadores del PRI fueron sustraídos de sus hogares por comandos armados.
El objetivo era quirúrgico: desarticular la estructura de movilización opositora para garantizar un camino despejado a la coalición Morena-PAS.
Los testimonios recogidos pintan un cuadro de crueldad absoluta. Hombres con el rostro cubierto e instrumentos de guerra irrumpieron en domicilios privados, derribando puertas y arrastrando a los cuadros políticos frente a sus familias.
Muchos de los secuestrados fueron sacados en ropa interior, humillados y lanzados a camionetas donde el interrogatorio comenzó de inmediato bajo una lluvia de golpes. La consigna era clara: obtener las rutas del dinero para la logística electoral y las ubicaciones de los movilizadores de base.
La violencia no respetó jerarquías ni privacidad. José Alberto Salas Beltrán, secretario de Organización del PRI, fue una de las víctimas clave, extraído de su propia casa para ser torturado psicológicamente con amenazas de muerte si no revelaba la estructura interna de su partido. “¿Quién te estaba esperando? Dame nombres o no la cuentas”, era la sentencia que resonaba en los vehículos en movimiento, según reportes que documentaron la parálisis operativa impuesta por el miedo.
Bajo las órdenes directas de “Los Chapitos” —Iván Archivaldo, Jesús Alfredo y Ovidio Guzmán—, el brazo armado del cártel ejecutó un plan de “limpieza” electoral. Los operadores retenidos no fueron liberados sino hasta una hora antes de que cerraran las casillas, cuando el daño a la oposición ya era irreversible. En un gesto de cinismo extremo, tras horas de tortura y encierro, los sicarios los abandonaron en carreteras dándoles cien pesos para que pagaran un taxi de regreso a sus hogares.
EL GOLPE DE NUEVA YORK: DESMANTELANDO LA NARRATIVA OFICIAL
Sin embargo, el golpe más demoledor a la narrativa oficial provendría de fuera de las fronteras mexicanas. Este 28 de abril de 2026, la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York desclasificó un encausamiento que sacude los cimientos de la administración estatal.
El documento no sólo imputa delitos de narcotráfico al gobernador Rubén Rocha Moya, sino que desnuda un esquema de gobierno paralelo donde la delincuencia organizada y la administración pública operan bajo una misma estructura.
El fiscal Jay Clayton y la DEA señalan directamente al corazón de Morena, acusando a la cúpula sinaloense de ser el soporte logístico y político de la facción de “Los Chapitos”. Esta acusación formal confirma lo que se susurraba en las calles: el cambio de gobierno en Sinaloa no fue un proceso democrático, sino una entrega pactada del control territorial a cambio de impunidad y poder político.
La tragedia también alcanzó a las familias en las zonas rurales. En Badiraguato, tierra de capos, el secuestro de Luis Alonso Iribe, hermano de la candidata Guadalupe Iribe, fue el último clavo en el ataúd de la competencia.
Su esposo, Mario Valenzuela, denunció entre lágrimas que comandos armados vinculados a Morena ejecutaron el levantón para forzar la declinación de la aspirante, evidenciando que en Sinaloa, la política se negocia con la vida de los seres queridos bajo el cobijo de un sistema ahora cuestionado por la justicia internacional.
PUNTOS CLAVE DE LA NOTA
- Imputación de EE.UU.: La Fiscalía de Nueva York desclasificó el 28 de abril cargos por narcotráfico contra el gobernador Rubén Rocha Moya, acusándolo de dirigir un “gobierno paralelo”.
- Vínculo Logístico: El fiscal Jay Clayton y la DEA acusan a la cúpula de Morena en Sinaloa de ser el soporte político de “Los Chapitos”.
- Identidad de la Víctima: José Alberto Salas Beltrán, secretario de Organización del PRI, fue uno de los mandos torturados durante la jornada electoral.
- Terrorismo Electoral: El Cártel de Sinaloa secuestró a más de 100 operadores opositores para asegurar la victoria de la coalición oficialista.
- Cómputo Bajo Fuego: Rocha Moya se encumbró con el 56.60% de los votos tras la neutralización violenta de la estructura del PRI, PAN y PRD.
- Caso Badiraguato: Se utilizó el secuestro de familiares para forzar renuncias políticas, eliminando la competencia en el municipio cuna del narcotráfico.
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