Túnel de guerra bajo Culiacán: hallan arsenal y pasadizos entre casas de seguridad

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Al túnel se entraba por una caja fuerte.

Al túnel se entraba por una caja fuerte.

LANOTA.- El 21 de junio de 2025, en el corazón de Culiacán, Sinaloa, un hallazgo abrió un nuevo capítulo en la guerra contra el narcotráfico. Un domicilio aparentemente ordinario, perdido entre las calles de Rosales, escondía mucho más que paredes y puertas cerradas. Ocultas bajo tierra, dos casas conectadas por un túnel subterráneo de 400 metros y ocho metros de profundidad revelaron la arquitectura clandestina del poder criminal.

Ahí abajo, en ese silencio oscuro donde el sol no entra, yacen los secretos de una red que no descansa, que se escabulle, que construye su propia geografía bajo nuestros pies.

La escena fue dada a conocer por Omar García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, en la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum. Lo dijo con frialdad técnica, pero el país escuchó con asombro:

“Se halló una casa de seguridad con 200 armas… y un túnel de 400 metros conectando con otro domicilio. Tres viviendas fueron aseguradas.”

Ametralladoras, lanzacohetes, ocho lanzagranadas, dos vehículos blindados. La guerra, empacada y almacenada, lista para usarse. Todo estaba ahí, bajo resguardo, esperando una orden.

UNA RUTA DE FUGA… O UN MAPA DEL MIEDO

Este no fue un hallazgo aislado. Según García Harfuch, es común que las casas incautadas en Sinaloa tengan pasadizos o túneles. No como simple recurso de escape, sino como símbolo: el crimen organizado excava no sólo túneles, sino su propia soberanía.

En esta ocasión, el objetivo tenía nombre y apellido: Kevin Alonso “N”, alias “El 200”, presunto jefe de seguridad de “Los Chapitos”. Fue capturado esa misma noche, como parte de una operación quirúrgica contra la estructura más íntima de los hijos de “El Chapo”.

Unos días antes, también había sido detenido José Ángel Canobbio Inzunza, alias “El Güerito”, líder de “Los Chimales”, el grupo de sicarios que protegía a “Los Chapitos”.

“Más que una redada, es un debilitamiento constante…”, insistió Harfuch, como si cada túnel clausurado fuera una arteria menos en el cuerpo del crimen.

LA VERSIÓN OFICIAL Y LOS RUMORES QUE NO MUEREN

En febrero, Harfuch había desmentido que Iván Archivaldo Guzmán Salazar, “El Chapito”, hubiera escapado por un túnel. Hoy, esos desmentidos pesan menos que la tierra removida.

Porque lo cierto es que los túneles existen. Muchos. En Sinaloa, construir bajo tierra ya no es novedad, sino estrategia. En cada casa asegurada, hay más que armas: hay rutas, planos, salidas alternas.

¿Cuántos más habrá? ¿Cuántos ya no serán encontrados? ¿Cuántos llevan años funcionando bajo la ciudad, sin que nadie lo note?

UN GOBIERNO QUE CAVA CONTRA LA OSCURIDAD

García Harfuch asegura que los operativos no cesarán. Que hay una coordinación diaria con el Ejército, la Fiscalía y fuerzas estatales. Que el objetivo es claro: desmantelar la red antes de que vuelva a moverse.

Pero debajo de esa promesa está la otra realidad: mientras arriba el gobierno asegura casas, abajo alguien ya está cavando el próximo túnel.

Y como en un viejo cuento subterráneo, en Culiacán las paredes escuchan, el suelo se abre… y los secretos se escapan por debajo.

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