‘El Abuelo’ Farías y el eco de los balazos: ¿por qué mataron a Martha Laura?

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El Abuelo Farías, cacique de Tepacaltepec.

El Abuelo Farías, cacique de Tepacaltepec.

LANOTA.-  Eran las 10:45 de la mañana cuando una ráfaga de disparos estremeció la calle donde se encontraba Martha Laura Mendoza Mendoza, alcaldesa de este municipio enclavado en la Tierra Caliente michoacana. Testigos escucharon el grito previo al ataque: “¡Aquí te manda el Cártel Jalisco! ¡Aquí puro cuatro letras!”. Luego, 14 segundos de fuego ininterrumpido. La camioneta de los agresores desapareció entre el polvo.

El crimen de Mendoza Mendoza no solo sacudió al municipio, sino que encendió nuevamente las alertas sobre los vínculos peligrosos entre autoridades locales y los cárteles que se disputan Michoacán. No era cualquier alcaldesa. Su nombre estaba ligado a una de las familias con más peso en la zona: era hermana de Blanca Yesenia Mendoza Mendoza, pareja de Juan José Farías Álvarez, “El Abuelo”, considerado líder del Cártel de Tepalcatepec y pieza central de los llamados Cárteles Unidos.

EL LEGADO DE UNA GUERRA FRAGMENTADA

“El Abuelo” es un nombre que resuena con fuerza en la historia reciente de Michoacán. Ganadero, agricultor y antiguo defensor rural, se convirtió en emblema del movimiento de autodefensas que surgió hace más de una década para frenar la violencia del crimen organizado. Pero con el tiempo, esa figura se difuminó en el gris de los intereses cruzados.

Hoy, las autoridades federales lo identifican como uno de los principales enemigos del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). La guerra no es nueva. En 2019, luego de un intento fallido de asesinar a Miguel Ángel Gallegos Godoy, “Migueladas”, operador clave del CJNG, la venganza fue brutal: el propio Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, lanzó una ofensiva directa contra Tepalcatepec.

Desde entonces, el municipio vive bajo fuego cruzado. Las calles se llenaron de barricadas, camionetas artilladas y ráfagas intermitentes. El asesinato de Martha Laura parece una pieza más en esa guerra de caciques y narcos, donde la línea entre gobierno y crimen organizado es cada vez más delgada.

ENTRE EL RESPETO Y EL MIEDO: LA FIGURA DE “EL ABUELO”

“El Abuelo”, según testimonios recogidos por académicos y periodistas, no solo ejerce poder militar y criminal. También construyó una narrativa de benefactor comunitario: reparte ganado entre los más pobres, produce queso y cultiva sorgo. “A la gente más amolada les presta dos vacas para que se las cuide y ya que se multiplicaron por diez se las regala”, declaró una madre víctima del crimen en Tepalcatepec.

Así consolidó un liderazgo que trasciende la violencia: una mezcla de patrón rural, político de facto y capo local, con alianzas que van desde las extintas autodefensas hasta agrupaciones como Los Viagras o el H3. En ese tablero, Martha Laura era más que una presidenta municipal: era un eslabón dentro del entramado que sostiene el poder territorial en la zona.

EL SILENCIO OFICIAL Y LA OMISIÓN ESTRUCTURAL

El asesinato no ha generado una respuesta contundente por parte del gobierno estatal o federal. En Michoacán, como en muchas otras regiones de México, la violencia contra alcaldes y alcaldesas es parte del riesgo inherente al cargo, sobre todo en zonas donde los cárteles dictan la ley.

De 2018 a la fecha, más de 30 autoridades municipales han sido asesinadas en contextos similares. La muerte de Mendoza Mendoza se suma a esa lista negra. Pero aquí, el trasfondo es más espeso: la ejecución podría ser también un mensaje directo al clan Farías y una advertencia para quien ose pactar con sus enemigos.

¿QUIÉN CONTROLA REALMENTE MICHOACÁN?

Mientras el CJNG mantiene su objetivo de tomar control total del occidente del país, Cárteles Unidos –una amalgama de grupos locales en resistencia– sigue defendiendo sus bastiones. Tepalcatepec es uno de ellos. Y ahí, en medio del caos, la familia Mendoza y “El Abuelo” aún disputan el control político y criminal.

El asesinato de Martha Laura Mendoza podría marcar un antes y un después. No sólo por su relación con figuras del narco, sino porque vuelve a poner el reflector sobre una verdad incómoda: en vastas regiones del país, los cárteles gobiernan más que los propios gobiernos.

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