LANOTA.- La cámara de su celular encendida. Un rostro en calma, la voz segura, incluso entusiasta. Así apareció Naomi Sofía Figueroa Álvarez en una transmisión en vivo a través de TikTok. No era una confesión bajo presión, sino una exaltación pública: la exfuncionaria del Gobierno de Guadalajara relató cómo, como parte de un ritual religioso, mandó sacrificar a un perro para “quitar enemigos del camino”.
“Yo tuve que hacer un sacrificio muy grande, muy culero, porque le cortaron a un perro… ese era para que me quitaran a mis enemigos”, narró entre risas y justificaciones. Fue una transmisión espontánea, sin filtros, en la que defendió los principios de la religión orisha —una vertiente afrocaribeña también conocida como santería o yoruba— y animó a otros a sumarse, no sin advertir: “Sí es un poco cara, pero vale la pena”.
La frase clave: “los orishas saben muy bien qué va a pasar contigo”, fue lanzada como una invitación a confiar en fuerzas invisibles. Pero el precio de esa fe, al menos en su caso, fue la vida de un animal.
POLÉMICA INMEDIATA Y SEPARACIÓN DEL CARGO
La respuesta pública fue inmediata. Indignación, denuncias, exigencias de justicia. Al viralizarse el video, el Gobierno de Guadalajara intentó marcar distancia: en una publicación en X (antes Twitter) informó que Naomi Sofía ya no formaba parte del personal desde el 31 de mayo y que había laborado solo 72 días como trabajadora eventual.
“Es decir, al momento de darse a conocer el video, ya no existía relación laboral alguna”, precisó la administración tapatía, que también refrendó su respeto a los derechos de los animales.
Documentos revelados por el diario Reforma muestran que la joven fue dada de alta en nómina el pasado 18 de marzo con un salario mensual de 18 mil 400 pesos, más apoyos de transporte y despensa. Pero la historia de su paso por el gobierno local quedó manchada por una confesión en tiempo real que hoy podría costarle algo más que la indignación pública.
¿QUÉ PENAS APLICA JALISCO POR MALTRATO ANIMAL?
El Código Penal del Estado de Jalisco es claro: el Artículo 306 establece penas de dos a tres años de prisión a quien provoque la muerte de un animal, además de multas que pueden alcanzar las 1,000 UMAs (más de 108 mil pesos).
Por otro lado, el Artículo 305 sanciona con hasta ocho años de cárcel a quien cometa actos de crueldad o maltrato animal, aún sin causar lesiones permanentes. Si se trata de un menor de edad, la responsabilidad recae en su tutor legal.
Aunque no se ha confirmado aún si las autoridades procederán legalmente contra Figueroa Álvarez, el caso ha reabierto el debate sobre los límites de la libertad religiosa y el respeto por los animales, especialmente cuando ambos entran en colisión en espacios públicos y con exservidores públicos de por medio.
DE LO ESPIRITUAL A LO PENAL: CASO QUE TRASCIENDE REDES
Más allá de la polémica religiosa, el caso de Naomi Sofía Figueroa pone sobre la mesa un fenómeno cada vez más frecuente: la banalización del sufrimiento animal en plataformas digitales, en nombre del espectáculo o la creencia. En tiempos donde todo se documenta y transmite, lo privado se convierte en público… y lo religioso, en motivo de juicio social.
Y aunque el Gobierno de Guadalajara se deslinde, la conversación sigue activa. ¿Hasta dónde llega la fe? ¿Hasta dónde la ley? ¿Y qué ocurre cuando las redes sociales son el púlpito donde todo —incluso la muerte— se convierte en contenido?
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